¿Compañeros del alma o compañeros de celda?

Aprender a amar

TODOS VIVIMOS CONFORME A LAS NOVELAS, a la poesía, a las películas. Eso ha dado a la humanidad una falsa impresión, la impresión de que cuando hay amor, todo encaja, no hay conflicto. Durante siglos, los poetas han transmitido la idea de que los amantes están hechos el uno para el otro. Pero nadie está hecho para nadie. Cada uno es diferente a los demás. Puede que ames a una persona sin saber que la amas precisamente porque hay mucha diferencia entre vosotros, mucha distancia. La distancia supone un reto, la distancia es aventura; la distancia hace que valga la pena conseguir a ese hombre o a esa mujer. Pero las cosas no se ven iguales desde la distancia que cuando están cerca.

Cuando estás cortejando a un hombre o a una mujer, todo es maravilloso, todo encaja, porque ambos queréis que todo encaje. No se permite que salga a la superficie nada que desencaje; se reprime en el subconsciente. Así que los enamorados que están sentados en la playa contemplando la luna no saben nada de la otra persona. Prácticamente antes de terminar la luna de miel el matrimonio ya ha acabado. En Oriente, donde se sigue manteniendo la costumbre de los matrimonios concertados, no existe nada parecido a la luna de miel; al matrimonio no se le da la oportunidad de que se pueda terminar tan pronto.

Las parejas continúan viviendo juntas y nunca tienen la impresión de que las cosas no encajen, de que falte algo. No se da la menor oportunidad de que eso ocurra. Los maridos y las esposas no eligen por sí mismos; los matrimonios están organizados por los padres, por los astrólogos, por todo tipo de personas excepto por aquellos que van a casarse. Ni siquiera después de casarse, la pareja puede verse a solas durante el día, solo se pueden encontrar en la oscuridad de la noche. Viven con sus familias, y estas son tan numerosas que solo pueden hablar en susurros; por supuesto ni se les ocurre discutir.

Tampoco servirá de nada tirarse la ropa el uno al otro; en estas comunidades tradicionales ni el hombre ni la mujer sabe que si no se tiran la ropa el uno al otro no es una relación como Dios manda.  O que hay que tirar jarrones al suelo, o que hay que discutir por las cosas más tontas. Tú dices algo, y la mujer entiende otra cosa; ella dice algo, y tú entiendes otra cosa. En cambio, en los matrimonios modernos basados en la relación amorosa, parece que no hay comunicación. Y eso empieza ya en la luna de miel, porque allí, por primera vez, estáis juntos durante veinticuatro horas al día. No puedes fingir; tienes que ser auténtico. No puedes actuar.

Cuando vivís juntos tenéis que ser auténticos con la otra persona; no podéis esconderos, no podéis tener secretos. Desde nuestra infancia se nos ha inculcado la idea de que entre el marido y la esposa hay siempre armonía, siempre encaja todo, siempre están juntos, siempre se aman, no se pelean. El problema son precisamente esas ideas. Me gustaría decirte la verdad. La verdad es que ambas personas, sean quienes sean, son individuos diferentes. Si amas a alguien, tienes que entender que la persona a la que amas no es tu sombra, no es tu reflejo en el espejo, tiene su propia individualidad.

A menos que tengas un corazón lo suficientemente grande para acoger a otra persona que es diferente a ti, que tiene ideas distintas, no deberías meterte en problemas innecesarios. Es mejor hacerse monje o monja. ¿Por qué molestarse? ¿Por qué crear un infierno para ti y para la otra persona? Pero el infierno se crea porque tú estás esperando el cielo. Yo te digo que aceptes que la situación es así: la otra persona será diferente. Tú no eres el jefe, y el otro tampoco es el jefe; ambos sois socios que habéis decidido, a pesar de todas vuestras diferencias, vivir juntos. Además, las diferencias añaden encanto a vuestro amor.

Si eres capaz de encontrar a una persona que sea exactamente como tú, no te resultará muy atractiva. La otra persona tiene que ser diferente, lejana, un misterio que te invite a explorarla. Cuando dos misterios se encuentran, una vez que se olvidan de que tienen que estar de acuerdo en todo, ya no hay lucha. La lucha surge porque queréis estar de acuerdo. Si vivís solo como amigos, ella tiene sus propias ideas, tú tienes las tuyas; ella respeta tus ideas, tú respetas las suyas; ella tiene su camino, tú tienes el tuyo, y nadie intenta imponer ni adoctrinar a la otra persona. De esa manera, no surge el enfrentamiento. Y no se plantea la cuestión de que las cosas no están encajando.

¿Por qué tienen que encajar? ¿Por qué hay que sentir que algo falta? No falta nada; lo único que ocurre es que no coincide con tu idea de armonía. La armonía no es algo tan especial, es aburrida. Aunque os peleéis de vez en cuando, aunque os enfadéis de vez en cuando, no significa que desaparezca el amor; lo único que significa es que el amor es capaz de absorber incluso los desacuerdos, las luchas, es capaz de superar todos estos obstáculos. Pero tus viejas ideas se entrometen en tu percepción de las cosas. Esto me recuerda una antigua historia bíblica que no se suele contar ya que es peligrosa. En primer lugar, Dios creó a un hombre y a una mujer, pero, como podrás observar con solo echar una mirada al mundo, Dios no parece muy inteligente.

Nada encaja; ocurre desde el principio de los tiempos. Creó al hombre y a la mujer, a dos personas, pero les dio una cama pequeña, no una cama doble. La primera noche, en el principio de los tiempos, tuvieron una terrible pelea porque la mujer quería dormir en la cama. El hombre pensaba que él era quien debía dormir en la cama y ella debía dormir en el suelo. Se pasaron toda la noche peleándose, pegándose y arrojándose cosas; a la mañana siguiente, el hombre le dijo a Dios: “Te había pedido una compañera, no una enemiga. Si esta es la idea que tienes de una compañera, permíteme decirte que estaba mejor solo. No quiero a esta mujer, nunca tendremos paz”.

Lo más sencillo habría sido pedir una cama doble. No entiendo qué Dios era ese, ni qué pedían esos tontos. La solución más simple habría sido una cama doble, o dos camas individuales, si las cosas se hubieran puesto muy feas. Pero en vez de eso, Adán dijo: “No quiero a esta mujer. Está intentando ser igual que yo”. El machismo surgió esa misma noche. Así que Dios desmontó a la mujer; porque, naturalmente, Dios también es machista. Su nombre era Lilith. La desmontó igual que se desmonta un mecanismo. Destruyó a la mujer y dijo: “Ahora voy a crear otra mujer que sea inferior a ti y que no reclame la igualdad”. Así que creó a la segunda mujer, Eva, cogiendo una de las costillas de Adán.
 
Creó a esa mujer de la costilla de Adán, para que no pudiera exigir la igualdad; no era más que una costilla. Se cuenta que todas las noches, cuando Adán regresaba a casa, Eva le contaba las costillas porque siempre tenía miedo de que le faltara otra costilla, lo que significaría que por ahí había alguna otra mujer. Lo único que hace falta es amistad. El amor tiene que ser una relación amistosa en la que nadie sea superior, en la que nadie tome las decisiones, en la que ambos sean completamente conscientes de que son diferentes, de que su visión de la vida es diferente, de que piensan diferente, y a pesar de todas esas diferencias, se aman.

Entonces no tendrás ningún problema. Somos nosotros los que creamos los problemas. No intentes crear algo sobrehumano. Sé humano, acepta la humanidad de la otra persona con toda la fragilidad a la que es propensa la humanidad. Tu pareja cometerá errores, al igual que los cometes tú, y tienes que aprender. Estar juntos supone un gran aprendizaje: perdonar, olvidar, entender que la otra persona es tan humana como tú. Solo un poco de perdón. Hay un viejo proverbio que dice: “Errar es humano; perdonar es divino”. Yo no estoy de acuerdo. Errar es humano y perdonar también es humano. ¿Perdonar es divino? En ese caso lo estás elevando demasiado alto, más allá del alcance del ser humano.

Devuélvelo al alcance del hombre y aprende a perdonar. Aprende a disfrutar el perdón, aprende a disculparte; no pierdes nada diciéndole a tu pareja: “Lo siento, estaba equivocado”. Pero nadie quiere decir: “Estaba equivocado”. Siempre quieres tener razón. El hombre intenta demostrar con argumentos que tiene razón, y la mujer intenta demostrar con emociones que tiene razón; gritando, llorando, con lágrimas y sollozos. ¡Y la mayoría de las veces gana! El hombre empieza a tener miedo de que les oigan los vecinos, y con tal de tranquilizarla porque los niños pueden despertarse le pide: “Cálmate, quizá tengas razón”. Pero en realidad sigue pensando que es él quien tiene razón.

Ser comprensivo significa que puedes estar equivocado, que quizá la mujer tenga razón. Nadie te garantiza que por ser hombre tengas el poder y la autoridad de estar en lo cierto; ni tampoco la mujer. Si tan solo fuéramos un poco más humanos y un poco más amables, y fuéramos capaces de decirle a la otra persona “Lo siento”. Además, ¿por qué os estáis peleando? Por cosas tan pequeñas, tan triviales que si alguien te pidiera que se las contaras te daría vergüenza hacerlo. Olvídate de la idea de que todo tiene que encajar, olvídate de la idea que habrá una profunda armonía; esas ideas no son buenas. Si todo encaja, os aburriréis; si todo es armonioso, os perderéis el encanto que tiene la relación.

Es bueno que las cosas no encajen siempre, que exista siempre un espacio para que haya algo que explorar, algo que atravesar, algún puente que construir. Si aceptamos las diferencias, la unicidad básica de cada individuo, y hacemos del amor no una esclavitud sino una amistad, toda la vida puede convertirse en una gran exploración del otro. Intenta la amistad, intenta ser amistoso; y recuerda siempre que no hay nada que te vaya a molestar. Cuando ves a una mujer guapa, te sientes atraído; deberías ser capaz de entender que cuando tu mujer ve a un hombre guapo, también debe sentirse atraída. Si sois comprensivos, comentaréis de forma cariñosa lo guapa que era esa mujer o lo guapo que era ese hombre.

Sin embargo, en la situación actual puedes adivinar desde kilómetros de distancia si esa pareja que pasa por la calle está casada o no. Cuando una pareja está casada, el marido actúa con suma cautela y precaución; no mira ni a un lado ni a otro, como si tuviera un problema en el cuello. Por su parte, la mujer controla hacia dónde mira el marido, qué está mirando y se da cuenta de todo. Es horrible. Una vez, me dirigía en tren a Cachemira y en mi compartimiento había una mujer muy guapa. En cada estación su marido le llevaba helados, plátanos, manzanas. En Cachemira hay muy buena fruta. Le pregunté a la mujer:
  •  ¿Cuánto tiempo llevas casada?
  • Siete años me contestó ella.
  • No me mientas.
  • ¿Qué quieres decir? ¿Por qué iba a mentirte? preguntó.
  •  Ese hombre ha estado trayéndote cosas en todas las estaciones, así que para mí está muy claro que no es tu marido contesté. Ella me preguntó:
  • ¿Cómo lo has adivinado?
  • Si fuera tu marido, y con más motivo si llevarais casados siete años, una vez que te hubiera instalado en este compartimiento, solo habría vuelto (y eso con un poco de suerte) en la última parada; durante todo el viaje ni siquiera se habría asomado por aquí. ¿Por qué iba a venir en cada estación a traerte todas estas cosas? Ella me comentó:
  • Es curioso, pero tienes razón. No es mi marido; es un amigo de mi  marido, pero está enamorado de mí. Y lo que dices sobre los maridos es cierto. Es lo que ha ocurrido entre mi marido y yo. Vivimos juntos pero estamos a muchos kilómetros de distancia; estoy pensando en divorciarme de él.
  • No, no te divorcies le aconsejé. Sigue viviendo con él pero sigue amando a este hombre, y no permitas que se divorcie de su mujer. Lo más probable es que ella también tenga otra relación con otro hombre, así que no te preocupes. La existencia se ocupa de todo. Pero si te divorcias de tu marido y te casas con este hombre, se acabarán los helados, las frutas, y toda esa atención y amor; todo eso desaparecerá.
Si solo eres un amigo, y no conviertes tu amistad en un compromiso legal entre marido y mujer, las cosas irán mucho mejor, porque no serás una carga para nadie, no serás una atadura. No se planteará la cuestión de que tengáis que encajar. Podéis mantener vuestra individualidad totalmente libre de la otra persona, y a pesar de todo estar enamorados. En realidad, cuando tienes una individualidad completamente diferente es cuando hay más posibilidad de amor. Mientras estoy enamorada de un hombre, nunca me atrae otro, pero a él no le ocurre lo mismo. A pesar de que está feliz y satisfecho y de que quiere mantener esa relación conmigo, cada pocos meses tiene breves aventuras.

Comprendo que la naturaleza del hombre y de la mujer son distintas. También comprendo que todas las relaciones amorosas tienen sus altibajos. A pesar de ello, no puedo evitar entristecerme. Yo le dejo bastante cuerda. Mis amigos me dicen que estoy siempre tan disponible que él da por hecho que yo estaré siempre ahí y que por tanto pierdo mi amor propio. Estoy un poco confusa. Yo no espero nada de él. Por favor, ¿te importaría comentar algo al respecto? En tu pregunta hay varias cuestiones. En primer lugar, estás confundida en lo referente a la naturaleza del hombre.

Tú crees, como mucha gente en el mundo, que el hombre es polígamo y la mujer es monógama, que la mujer quiere vivir con un hombre, amar a un hombre, consagrarse y dedicarse totalmente a un hombre, pero que la naturaleza del hombre es diferente. Él solo quiere amar a otras mujeres, al menos, de vez en cuando. La realidad es que ambos son polígamos. La mujer ha sido condicionada por el hombre durante miles de años para que crea que es monógama. El hombre ha sido muy astuto; ha explotado a la mujer de muchas maneras.

Una de ellas es haberle estado diciendo constantemente que los hombres son polígamos por naturaleza. Todos los psicólogos y los sociólogos están de acuerdo en que los hombres son polígamos, pero ninguno de ellos dice lo mismo de las mujeres. Yo creo que ambos son polígamos. Si la mujer no se comporta como lo haría alguien polígamo es debido a su educación no a su naturaleza. Ha estado tan absolutamente condicionada durante tanto tiempo que el condicionamiento ha penetrado en su sangre, en sus huesos, en su médula.

Durante siglos la mujer ha dependido económicamente del hombre, y el hombre ha cortado sus alas, ha mermado su libertad, ha minado su independencia. Ha cargado las responsabilidades de la mujer sobre sus hombros, mostrando mucho amor y diciendo: “No debes preocuparte de ti misma, yo me ocuparé de todo”. Pero en nombre del amor, se ha apoderado de la libertad de la mujer. Durante siglos, a la mujer no se le permitía que se educara, que estuviera preparada para ejercer ningún oficio, que tuviera ninguna habilidad; tenía que depender económicamente del marido. Él le ha robado incluso su libertad de movimiento; no se podía mover libremente como lo hacía el hombre; estaba confinada en la casa. Su casa era prácticamente su prisión.

Además, sobre todo antiguamente, siempre estaba embarazada, porque de cada diez niños solían morir nueve. Para tener dos o tres niños que sobrevivieran, la mujer tenía que estar continuamente embarazada, durante toda su época reproductiva. Una mujer embarazada se vuelve aún más dependiente económicamente; el hombre se convierte en el que se ocupa de ella. El hombre era culto, la mujer era totalmente inculta. Se la mantenía ignorante porque el conocimiento es poder; por eso se privaba a las mujeres de conocimiento. Y como es un mundo de hombres, todos han estado de acuerdo en mantener a la mujer esclavizada.

Se le ha dicho que por naturaleza es monógama. No había ninguna mujer psicoanalista ni socióloga para refutar este argumento y plantear que si el hombre es polígamo, ¿por qué iba a ser la mujer monógama? El hombre abrió el camino a su poligamia creando la prostitución. Antiguamente, se daba por sentado que ninguna mujer tenía nada que objetar si su marido visitaba a alguna prostituta de vez en cuando. Se consideraba que era algo natural en el hombre. Yo os digo que ambos sois polígamos.

La existencia es polígama; tiene que ser así, la monogamia es un aburrimiento. Por muy guapa que sea su mujer, por muy guapo que sea un hombre, te cansas; siempre la misma geografía, la misma topografía. ¿Hasta cuándo vas a tener que ver la misma cara? A veces ocurre que pasan los años y el marido no ha mirado atentamente a su mujer ni siquiera durante un segundo. En el nuevo mundo no debería haber matrimonio, solo amantes. Pueden permanecer juntos mientras les apetezca estarlo; pero en cuanto sientan que ya llevan juntos demasiado tiempo, vendrá bien un cambio.

No es necesario entristecerse, no es necesario enfadarse, solo aceptar profundamente la naturaleza. Porque si has amado a ese hombre o a esa mujer, deseas concederle toda a libertad posible. Si no puedes concederle libertad, no es amor. Tú dices: “A pesar de ello, no dejo de entristecerme. Yo le dejo bastante cuerda”. La misma idea es equivocada. ¿Acaso tu novio es un perro para que le pongas una cuerda? Tú no puedes dar libertad, la libertad es un derecho de todo ser humano. La misma idea “le dejo bastante cuerda”, quiere decir que todavía tienes la cuerda en la mano. Tú eres quien da la libertad.

Tú no puedes dar la libertad; lo único que puedes hacer es aceptar la libertad de la otra persona. No debes tener un cabo de la cuerda en la mano mientras contemplas cómo el perro hace pis en ese árbol, o hace pis en aquel otro. ¿Crees que eso es libertad? No. esa es una idea equivocada. La otra persona tiene su libertad, tú tienes tu libertad. Ni él ni tú necesitáis tener un cabo de la cuerda en la mano; de lo contrario, ambos estáis encadenados. Su cuerda será tu cadena; tu cuerda será su cadena.

Pero tú consideras que le estás dejando “bastante cuerda”. ¡Crees que estás siendo muy generosa! La libertad no es algo que haya que dar a la otra persona. La libertad es algo que hay que reconocer como un derecho de la otra persona. La libertad de la persona a la que amas no te hará daño. Te hace daño porque no utilizas tu propia libertad. No es su libertad la que te hace daño; lo que te hace daño es que durante siglos de mal condicionamiento has estado incapacitada; no puedes utilizar tu propia libertad. El hombre se ha apoderado de toda tu libertad, ese es el auténtico problema. Tienen que devolverte la libertad, y no te herirá; de hecho, disfrutarás de ella.

La libertad es una experiencia muy dichosa. Tu amante disfruta de libertad, tú disfrutas de libertad; os encontráis en libertad, partís en libertad. Y puede que la vida vuelva a reuniros. Si tu pareja se interesa por otra mujer, no significa que ya no te amé, solo significa que desea un cambio de sabor. De vez en cuando te apetece ir a una pizzería. Eso no significa que hayas renunciado a la comida de siempre, pero variar de vez en cuando no tiene nada de malo. De hecho, después de ir a la pizzería, volverás a tu mesa mucho más feliz. Te llevará unos días olvidar la experiencia, y después llegará un día en el que volverás a tener ganas de comer pizza.

Esas aventuras no tienen demasiada importancia. No se puede vivir únicamente de pizza. Las parejas que se aman deberían tener de vez en cuando alguna aventura amorosa. Esas aventuras renovarán su relación, la refrescarán. Apreciarás de nuevo la belleza de tu mujer. Puede que empieces a tener fantasías; soñarás con volver a tener a tu mujer. Te darás cuenta de que antes no la entendías bien; esta vez la entenderás. Y lo mismo ocurre con tu marido. En mi concepto de una comunidad amorosa, la gente será completamente libre de decirle a su pareja: “Me gustaría tener dos días de vacaciones, pero tú también eres libre; no hace falta que te quedes en casa carcomiéndote”.

Si prefieres meditar, es otra posibilidad; de lo contrario, recuerdas que hace mucho tiempo que te interesa la mujer del vecino. La hierba del otro lado; llevabas tanto tiempo queriendo explorarla... ¡y ahora tu mujer te está dando la oportunidad! Deberías decirle: “¡Eres maravillosa! Vete de vacaciones y disfruta. Yo me voy a casa del vecino, allí la hierba es más fresca”. Dentro de dos días te darás cuenta de que la hierba es hierba y de que tu jardín era mucho mejor. Sin embargo, hace falta una experiencia real, y cuando, después de dos días, volváis a encontraros, será el inicio de una nueva luna de miel.

¿Por qué no tener lunas de miel cada mes? ¿Por qué conformarse con una sola luna de miel en toda la vida? Es extraño y totalmente artificial. El amor no es algo malo o demoníaco; no tienes por qué impedirle a tu mujer que ame a otra persona. Solo es algo divertido; no hay de qué preocuparse. Si quiere jugar al tenis con alguien, ¡déjala que juegue! Yo no creo que hacer el amor tenga más importancia que jugar al tenis. En realidad el tenis es mucho más limpio. Tú dices: “Yo no espero nada de él”. Hasta en tu falta de expectación se ocultan expectaciones no expresadas. Y son más sutiles y más vinculantes.

Sencillamente, hay que aceptar un hecho muy sencillo: tu compañero es un desconocido; el hecho de que estéis juntos no es más que pura casualidad y uno nunca espera nada de los desconocidos. Ama tanto como puedas. No pienses nunca en el momento siguiente, y si tu amante se va a otro lugar, tú también eres libre. No te engañes, ¿hay alguna mujer que pueda decir que mientras está enamorada de una persona, jamás se siente atraída por otras personas? Quizá sea un deseo reprimido, quizá no permita que salga nunca a la superficie, pero es imposible que no se sienta atraída, porque hay muchas personas guapas alrededor.

Tú has escogido a un desconocido entre otros muchos desconocidos. Haz que la libertad sea un valor más importante que el propio amor. Sí puedes conseguirlo y podrás, porque es algo natural tu vida no será infeliz. Vivirás una emoción continua, una exploración continua de nuevos seres humanos. Todos somos extraños; no hay nadie que sea un marido, no hay nadie que sea una esposa. Un simple funcionario no puede haceros marido y mujer por el mero hecho de estampar su sello en un papel. Y una vez que ese hombre ha puesto el sello, si queréis separaros tendréis que acudir a otro estúpido a un estúpido mayor y esperar durante meses o durante años a que os separen. ¡Es extraño! Es una cuestión privada; no es asunto de ningún funcionario, de ningún juez.

¿Por qué dejas continuamente tu libertad en manos de otras personas? Tú dices: “Mis amigos me dicen que estoy siempre tan disponible, que él da por hecho que estaré siempre ahí y que por tanto pierdo mi amor propio”. Tus amigos no entienden nada, y además no son tus amigos porque el consejo que te dan es propio de enemigos. Uno debería estar completamente disponible. Tus amigos te están diciendo que cuando tu novio quiera hacer el amor contigo, le digas alguna vez que te duele la cabeza. Otro día dirás que estás cansada; al tercer día, que no te apetece. Quieres que esté constantemente a tu alrededor.

“No le dejes mucha cuerda”; solo un poco de cuerda, y un bonito cencerro alrededor del cuello en el que ponga tu nombre y en el que diga: “Cuidado. Propiedad privada”. ¿Qué es lo que quieres decir con “disponibilidad”? Tú debes estar disponible para la persona que amas, y si de vez en cuando le apetece cambiar, disfruta y deja que se marche, con alegría. Eso te proporcionará amor propio y dignidad. Una mujer divorciada, frustrada tras su matrimonio, puso un anuncio en el periódico en el que decía: “Busco un marido que no me pegue, que no me engañe, y que sea un amante fantástico”.

Al cabo de una semana, oye el timbre de su casa. Abre la puerta, pero no ve a nadie, así que vuelve a cerrarla, pero cuando se dispone a volverse, vuelve a sonar el timbre. Al abrir otra vez la puerta, no ve a nadie, pero por casualidad mira hacia abajo y ve que en el felpudo hay un hombre sin brazos y sin piernas. “Vengo por el anuncio”, dice el hombre. La mujer no sabía qué decir ni qué hacer. Así que el hombre añade: “Como podrás observar yo no puedo pegarte, y es imposible que te engañe”. Ella contesta: “Sí, ya veo, pero el anuncio también decía que yo quería un “amante fantástico”. El hombre sonríe pícaramente y dice: “Bueno, he conseguido llamar al timbre, ¿no?”.

A pesar de que me siento totalmente satisfecho y alimentado con mi comida habitual de vez en cuando siento un gran deseo de probar otro tipo de platos, y de comer pizza italiana, sushi japonés; o beber vino francés. No es que no quiera comer fuera de vez en cuando, pero me gustaría sentir que puedo decidir si hacerlo o no, y no ser víctima de una conspiración hormonal. Por favor, ¿podrías darme la clave para superar estos impulsos biológicos? Si permites que la naturaleza siga su propio curso sin ninguna inhibición, trascenderás la biología, el cuerpo y la mente sin ningún esfuerzo, pero estamos llenos de inhibiciones. Incluso los denominados “jóvenes” que creen que se han liberado de las represiones, son en cierto modo represivos.

Si eres represivo no puedes trascender los impulsos biológicos de forma natural, sin ningún esfuerzo. Así que lo primero que hay que recordar es que la naturaleza está en lo cierto. Todas las antiguas tradiciones te han estado diciendo que la naturaleza no está en lo cierto, que tienes que dividir la naturaleza en lo correcto y lo equivocado, pero la naturaleza es indivisible. Así que cuando intentas dividirla, realizas un esfuerzo imposible. Hay que aceptar la naturaleza en su totalidad, con gran alegría y gratitud. La biología no es una atadura, sino determinada fase del crecimiento. La vida experimentada con profundidad y con comprensión te ayuda a ir más allá de ti mismo sin exigirte ninguna disciplina, ningún esfuerzo, ningún conflicto arduo.

Somos hijos de la naturaleza. Sin embargo, todas las religiones se han empeñado en crear una mente dividida, un hombre esquizofrénico que se ve empujado en dos direcciones. Todas os han dado moralidades. El hombre natural no necesita moralidad. Lo fácil es lo correcto. Ser natural, ser espontáneo es correcto y la trascendencia surge por sí sola. Las personas que están divididas en contra de ellas mismas, que consideran que la biología es algo que hay que trascender, que el cuerpo es algo contra lo que hay que luchar, que la mente es algo que hay que eliminar, están enredadas en todos estos conflictos y nunca trascenderán.

Habría que vivir de forma más relajada. Esto no es un campo de batalla. Tu vida se desarrolla en un crecimiento autónomo. Lo primero que necesitas es la aceptación total, sin ningún tipo de rechazo, sin desgana, sin ninguna condena sutil en tu mente. Tú dices: “Aunque me siento totalmente satisfecho y alimentado con mi comida habitual...”. Dices que estás totalmente satisfecho, pero no entiendes qué conlleva estar profundamente satisfecho. Se convierte en una especie de muerte. Para estar vivo hace falta un poco de descontento, cierta inquietud. Estás totalmente satisfecho, y de esa profunda satisfacción surge tu deseo de cambiar la comida de vez en cuando.

El hombre es una criatura que evoluciona y crece. Si está profundamente satisfecho su vida se para completamente. Tu pareja tiene individualidad, encanto y un corazón cariñoso, por lo que es fácil estar satisfecho con ella; no es una persona que pelee mucho, no es una persona que discuta mucho. Ella está tranquila, y todo aquel que la ame se encontrará tranquilo con ella. Surge una armonía, pero la armonía por un lado es maravillosa, y por el otro es aburrida. Quizá nunca hayas pensado que la satisfacción es una especie de muerte.

Significa que estás dispuesto a repetir lo mismo cada día, que te has olvidado del cambio, de evolucionar. “... de vez en cuando siento un gran deseo de probar otro tipo de platos, y de comer pizza italiana, sushi japonés, o beber vino francés”. Es completamente normal. El problema surge porque te han condicionado para pensar que si estás completamente satisfecho con una mujer, ¿por qué deberías pedir más? ¿Por qué deberías desear a otra persona? Empiezas a desearla debido a tu profunda satisfacción. Esa profunda satisfacción comienza a matarte; nada nuevo, ninguna excitación, ninguna posibilidad de “no”; siempre “sí”. Por una parte, es muy dulce; pero por otra, es demasiado dulce.

De ahí que de vez en cuando sientas el deseo de tener una aventura con otra mujer. Es completamente natural. Si tu compañera fuese el tipo de persona que se pelea, que fastidia, maliciosa, no habrías sentido tanto ese deseo, ya que ella no te habría permitido estar satisfecho. Te habría mantenido siempre insatisfecho; habría seguido siendo una extraña para ti, alguien todavía por explorar. Yo la conozco. Ella ha sido abierta contigo, ha estado disponible para ti, no te ha ocultado ningún secreto. Eso no es un defecto sino que forma parte de su belleza, pero incluso las rosas más bellas tienen espinas, del mismo modo que incluso las situaciones más satisfactorias tienen sus problemas.

Dado que te sientes demasiado satisfecho, empiezas a pedir un cambio de sabor: pizza italiana, vino francés o sushi japonés. No tiene nada de malo. Todo el antiguo condicionamiento está en contra de lo que te estoy diciendo, pero si eres inteligente, serás capaz de entenderlo. Acéptalo, pero no se lo ocultes a tu novia. No la hundas. No hagas que sienta que no es suficiente para ti. Dile: “Eres demasiado satisfactoria y mi mente quiere un ligero cambio de aires, un poco de emoción para poder sentir que sigo vivo”. Pero recuerda: todo lo que tomes para ti mismo, tienes que dárselo también a ella. No debe ser unilateral, no se trata de que solo tú vayas a la pizzería o al restaurante chino: permite que ella también lo haga. No solo permíteselo.

La mujer ha estado tan reprimida por el hombre que tendrás que empujarla para que abandone su condicionamiento. Tendrás que ayudarla a dirigirse, de vez en cuando, a nuevos pastos. Si eres capaz de hacer eso, no solo estarás aceptando tu naturaleza, estarás ayudándola a ella a descubrir la suya. Como hombre, también eres culpable porque es el hombre el que ha obligado a la mujer, el que ha hecho que sea monógama. En realidad, ella necesita más que tú salir con otras personas. El descubrimiento más asombroso que se ha hecho sobre hombres y mujeres, es que los hombres solo pueden tener un orgasmo y las mujeres pueden tener múltiples orgasmos. La razón es muy simple: el hombre pierde energía en el orgasmo, necesita un tiempo para recuperarse, para poder tener otro orgasmo. 

Sin embargo, la mujer no pierde nada de energía. Al contrario, su primer orgasmo le da un profundo incentivo para tener más orgasmos; es capaz de tener al menos doce orgasmos en una sola noche. A causa de ello el hombre tuvo tanto miedo que impidió a la mujer que conociera la existencia del orgasmo. Así que es muy rápido al hacer el amor. A la mujer le lleva un poco más de tiempo; la sexualidad del hombre es local, genital; la sexualidad de la mujer está extendida por todo su cuerpo. Si el hombre quiere que ella tenga un orgasmo tiene que jugar con todo su cuerpo, en el preludio amoroso, para que todo su cuerpo empiece a vibrar con energía.

Pero una vez que ella ha tenido un orgasmo, ya conoce el sabor y sabe que puede tener orgasmos más intensos. Sin embargo, el hombre es sencillamente impotente después del primer orgasmo, al menos durante unas cuantas horas. No puede hacer nada más, se da media vuelta y se echa a dormir. El pobre ya ha terminado. ¡Todas las mujeres lloran, sollozan porque ella todavía no ha empezado y él ya ha acabado! Para impedir que la mujer conociera el orgasmo durante siglos a la mujer no se le permitió ni siquiera conocer la belleza y los placeres del orgasmo el hombre también tuvo que evitar tener orgasmos. Lo único que conoce es la eyaculación; pero la eyaculación no es un orgasmo.

La eyaculación no es más que expulsar la energía: el hombre se siente más relajado, desaparecen las tensiones y ronca mejor. La mujer solo ha sido consciente del orgasmo en este último siglo, y es un mérito que se atribuye a la escuela del psicoanálisis. En los países orientales más tradicionales, el noventa y ocho por ciento de las mujeres todavía desconoce que hacer el amor es una experiencia especial, ya que es algo que no le proporciona ninguna satisfacción, ninguna experiencia. De hecho, lo detesta. Ella no necesita eyacular, es el hombre quien lo necesita, pero ambos han estado privados del sexo y de sus máximas experiencias orgásmicas.

Pero la cuestión es ¿cómo arreglar esta situación? Cualquier solución parece muy inmoral. Puedes invitar a tus amigos para que cinco o seis hagan el amor, por turnos, a tu mujer. Entonces ella se sentirá satisfecha, pero eso minará tu ego. También puedes darle a ella un vibrador, pero en cuanto lo utilice, tú ya no servirás para nada, porque el vibrador le proporciona unas experiencias orgásmicas increíbles que tú no puedes darle. Parece que ha habido algún error en la naturaleza: los hombres y las mujeres no son iguales en su capacidad orgásmica. Tú estás completamente satisfecho, pero ¿te has preocupado de si tu amante ha tenido algún orgasmo? Gracias a que no ha tenido ni un solo orgasmo seguirá dedicada a ti, monógama. Pero si ella conoce la experiencia orgásmica, ella también querrá, de vez en cuando, estar con otro hombre.

Si realmente quieres a tu novia, la ayudarás a abandonar sus antiguos condicionamientos, que son mucho más profundos que los tuyos porque el responsable es el hombre. Él no tiene esos condicionamientos; su moralidad es muy superficial e hipócrita. Pero la moralidad de las mujeres ha calado muy hondo. El hombre la ha obligado a cumplirla desde su niñez. Si te apetece cambiarla, es tu responsabilidad; un hombre tan inteligente como tú debería ser capaz de entender lo que estoy diciendo. Es tu responsabilidad hacer que Neelam también salga al sol, a la lluvia; al viento, para que pueda abandonar todos sus condicionamientos. Tienes que ayudarla, tienes que enseñarle a disfrutar de la pizzería, y a no seguir comiendo toda su vida comida punjabi.

¿Cómo disfrutar de la comida japonesa o de la china? Si los hombres y las mujeres realmente se aman, se ayudarán a eliminar los condicionamientos del pasado. El hombre no tiene muchos condicionamientos, y los que tiene son muy superficiales. Los puede eliminar muy fácilmente; es como quitarse uno la camisa. La mujer ha sido tan condicionada que para ella no es como quitarse una camisa, es como arrancarse la piel. Es duro, y a menos que realmente ames a esa mujer, no serás capaz de ayudarla mucho. Será muy difícil que se libre de todos esos condicionamientos por sí sola, así que ayúdala. Deja que sepa que en el mundo hay muchos más tipos de comidas, hay muchos más hombres guapos aparte de ti.

Tu mujer debería conocerlos a todos. Que tu mujer se enriquezca con sus experiencias forma parte de tu amor. Y cuanto más se enriquezca, no solo te satisfará, sino que empezará a proporcionarte excitación y éxtasis. Tú dices: “No es que no quiera comer fuera de vez en cuando, pero me gustaría sentir que puedo decidir si hacerlo o no...”. Puedes decidirlo, pero solo puedes hacerlo si tu compañera también puede decidirlo. Yo opino que ambos deberíais tener las mismas oportunidades. No se trata de que tú seas el amo y tu mujer sea tu esclava; ella puede estar satisfecha contigo, y tú puedes salir de vez en cuando, a tontear por los alrededores.

Pero ¡ella tiene el mismo derecho de tontear en esos mismos alrededores! Y no hace ninguna falta sentirse culpable; tienes que ayudarla a que no se sienta culpable. La liberación de la mujer supondrá también la liberación del hombre; su esclavitud supone la esclavitud de ambos. Si no permites que tu novia sea libre, ¿cómo te permitirá ella que tú lo seas? La libertad tienes que ser, para ambas partes, una virtud valiosa; amada, reconocida, respetada. Tú dices: “... y no ser víctima de una conspiración hormonal”. Si quieres ir más allá de las hormonas y de la biología, vive totalmente, agota la vida.

He llegado a la conclusión de que tus hormonas comienzan a trabajar hacia los catorce años, y si les das total libertad, si las vives alegremente hasta los cuarenta y dos años, entonces tendrán ganas de irse a descansar. Y esta trascendencia será natural; no será un celibato impuesto. Será un celibato sagrado que te está llegando desde el más allá, porque has vivido totalmente y ahora ya no te interesa nada de la vida ordinaria. Te interesas por valores más elevados, por una búsqueda más profunda de la vida, de la verdad, de la creatividad. Has superado la edad infantil. En mi opinión, cuando el hombre llega más o menos a los cuarenta y dos años, se vuelve adulto, pero solo si vive de forma natural.

Si vive con desgana, le llevará más tiempo, quizá cuarenta y nueve años, quizá sesenta y cinco. O puede incluso que cuando esté muriendo todavía esté pensando en el sexo y en nada más; nunca lo trascenderá. Vosotros dos sois personas inteligentes y sois capaces de ver las cosas sin antifaces en los ojos, de forma transparente. Amaos totalmente y, ocasionalmente, permitíos algo de libertad. Pero tiene que ser recíproco. Eso no destruirá vuestro amor; lo hará más rico, más profundo, más satisfactorio, más orgásmico. Esas contadas ocasiones en las que os cojáis unas vacaciones el uno del otro, no os separarán; continuarán acercándoos. No tengáis ningún secreto, sed completamente abiertos y respetad la apertura.

Nunca, ni siquiera con un gesto, hagáis que la otra persona se sienta culpable. Ese es el mayor crimen que ha estado cometiendo la humanidad, hacer que la gente se sienta culpable. Si la otra persona se siente culpable a causa de concepciones profundamente arraigadas, ayúdale a liberarse de la culpa. El amor vivido en una atmósfera de libertad, trascenderá el sexo de forma natural, fácilmente, sin esfuerzo. Permanecerá el amor, desaparecerá el sexo, y entonces el amor tendrá una pureza, una belleza y una sacralidad propias. Una mujer está en la cama con su amante cuando de repente oyen la puerta de la casa y la mujer dice:
  • ¡Corre, corre, Juan, al armario! Entra el marido a la habitación y pregunta:
  •  Pero, María, ¿qué haces desnuda? Su mujer responde:
  • Cariño, es que no me compras vestidos. Él marido responde:
  • ¡Cómo que no! Y se pone a contar los vestidos del armario. uno, dos, tres, buenas tardes, cuatro, cinco...
Tómate la vida con más alegría y diversión. Permite que toda tu vida se convierta en un chiste maravilloso. La naturaleza no tiene nada de malo, y ser natural es ser religioso. Ambos sois inteligentes, y espero que demostréis mi teoría de que podéis amaros y, a pesar de ello, tener distintas aventuras de vez en cuando; con alegría, no de malagana. No porque yo lo diga sino porque habéis llegado a esa conclusión. Me parece que nunca voy a ser capaz de superar la atracción biológica y sexual a la que tú denominas “deseo” y madurar en el tipo de amor del que hablas. ¿Cómo sucede? ¿Por dónde empezar?

El sexo es una cuestión sutil y delicada, porque la palabra “sexo” se asocia a siglos de explotación, corrupción, ideas perversas y condicionamientos. La propia palabra está llena de sentidos; es una de las palabras más llenas que existe. Dices “Dios” y parece vacía. Dices “sexo” y parece demasiado llena. Surgen mil cosas en la mente: miedo, perversión, atracción, un gran deseo, también un gran antideseo. Surgen todas esas cosas a la vez. Sexo. La propia palabra crea confusión, caos. Es como si alguien lanzara una piedra en un estanque silencioso, ¡y surgieran millones de ondas solo por pronunciar esa palabra! La humanidad ha vivido bajo la influencia de ideas muy equivocadas.

Así que lo primero que hay que considerar es por qué me estás preguntando cómo superar tus deseos sexuales, por qué quieres trascender tu sexualidad. Estás utilizando un bonito término, “superar”, pero hay un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que lo que quieras decir sea: “¿Cómo reprimir mis deseos sexuales?”. La persona que ha entendido que se puede trascender el sexo ni tan siquiera se preocupa por superarlo, porque la trascendencia surge de la experiencia. No puedes controlarla. No es algo que puedas hacer. Sencillamente, atraviesas muchas experiencias y esas experiencias te hacen cada vez más maduro.

¿Te has dado cuenta de que al llegar a determinada edad el sexo se vuelve importante? No es que tú hagas que sea importante. No es algo que tú provoques; es algo que ocurre. A los catorce años, más o menos, de repente, tu energía se inunda de sexo. Es como si en tu interior se hubieran abierto las compuertas. Empiezan a manar fuentes sutiles de energía que antes no existían, y toda tu energía se vuelve sexual, queda teñida por el sexo. Piensas sexo, cantas sexo, caminas sexo; todo se vuelve sexual. Todas las acciones quedan teñidas. Esto es algo que ocurre; tú no has hecho nada. Es natural. Y la trascendencia también es natural.

Si vives el sexo totalmente, sin condenarlo, sin pretender librarte de él, entonces, cuando llegas más o menos a los cuarenta y dos años al igual que a los catorce años se abrió la puerta del sexo y toda la energía se volvió sexual, esas compuertas empiezan a cerrarse otra vez. Y eso también es algo tan natural como el nacimiento de la sexualidad; empieza a desaparecer. La sexualidad no se trasciende haciendo un esfuerzo por tu parte. Si haces algún esfuerzo será un acto represivo, porque no tendrá nada que ver contigo. Es algo inherente; está en tu cuerpo, en tu biología. Naces como ser sexual; no tiene nada de malo. Es la única manera de nacer. Ser humano es ser sexual.

Cuando fuiste concebido, tu madre y tu padre no estaban rezando, no estaban escuchando el sermón de ningún cura. No estaban en la iglesia, estaban haciendo el amor. Resulta difícil pensar que tus padres estaban haciendo el amor cuando fuiste concebida, lo sé, pero estaban haciéndolo; sus energías sexuales se estaban encontrando y fundiendo entre sí. De modo que fuiste concebido en ese profundo acto sexual. La primera célula fue una célula sexual, y después de esa célula surgieron otras. Pero cada célula siguió siendo fundamentalmente sexual. Todo tu cuerpo es sexual, está compuesto por células sexuales. Ahora tienes millones de ellas.

Recuerda esto: tú existes como ser sexual. En cuanto lo aceptas, empieza a disolverse el conflicto que se ha creado a lo largo de los siglos. En cuanto lo aceptas profundamente, sin ninguna idea que se interponga. Cuando consideras el sexo como algo natural, entonces, lo vives. No se te ocurre preguntarme cómo superar el comer; no se te ocurre preguntarme la manera de superar la respiración, porque ninguna religión te ha enseñado a trascender la respiración. Esa es la razón; si no, me estarías preguntando: “¿Cómo puedo trascender la respiración?”.

Sin embargo, no lo haces, ¡te limitas a respirar! Eres un animal que respira. También eres un animal sexual. Pero hay una diferencia: durante los primeros catorce años de tu vida, eres prácticamente asexual, o como mucho, hay un juego sexual muy rudimentario, que no es realmente sexual; es solo una preparación, un ensayo, eso es todo. Al llegar a los catorce años, la energía está madura. Reflexión: en cuanto nace un niño, en cuestión de segundos, tiene que respirar; de lo contrario moriría. Después, la respiración permanece durante toda la vida, porque llegó en el umbral de la vida.
 
No se puede trascender. Puede que se pare antes de morir, justo unos segundos antes, pero nunca hasta entonces. Recuerda siempre esto: ambos extremos de la vida, el comienzo y el final, son simétricos. El niño nace y empieza a respirar en cuestión de segundos. Cuando la persona es mayor y se está muriendo, en cuanto deje de respirar, en cuestión de segundos morirá. El sexo comienza en una etapa relativamente tardía. Durante doce o catorce años, el niño ha vivido sin sexo. Y si la sociedad no está demasiado reprimida y por tanto obsesionada con el sexo, el niño puede vivir totalmente ajeno al sexo, o algo parecido a él.

El niño puede permanecer completamente inocente. Hoy en día no es posible esa inocencia; las personas están muy reprimidas. Cuando hay represión junto con ella surge la obsesión. Por un lado están los sacerdotes, que no hacen más que condenar el sexo, y por otro están los anticlericales, como Hugo Hefner y otros, que pretenden hacer la sexualidad cada vez más atractiva. El sacerdote y Hugo Hefner coexisten como dos caras de la misma moneda. Solo cuando desaparezcan las iglesias desaparecerá Playboy, pero no antes. ¡Son socios en el mismo negocio! Parecen enemigos, pero que no te engañen. Se critican el uno al otro, pero así es como funcionan las cosas.

Me contaron la historia de dos hombres que se quedaron sin trabajo porque su empresa quebró, así que se les ocurrió un nuevo negocio muy sencillo. Empezaron a viajar de una ciudad a otra. Primero iba uno por la noche y echaba alquitrán en las ventanas y las puertas de las casas. Al cabo de dos o tres días iba el otro a la misma ciudad y colocaba un anuncio diciendo que limpiaba todo tipo de suciedad de las fachadas de las casas, incluso el alquitrán, así que mucha gente lo contrataba. Mientras tanto, el otro iba haciendo su parte del trabajo en otra ciudad. De ese modo, empezaron a ganar un montón de dinero. Eso es lo que está ocurriendo entre la Iglesia y las personas que crean la pornografía.

Una vez me contaron este chiste:

Una chica muy guapa se arrodilla en el confesionario y dice:
  • Padre, quiero confesarme porque he dejado que mi novio me besara.
  • ¿Solo eso? preguntó el cura, muy interesado.
  • Bueno, la verdad es que no, también le dejé que me pusiera la mano en una pierna.
  • Y ¿después?
  • Después le dejé que me quitara las medias.
  • Y después, ¿qué pasó? Dime, ¿qué pasó? preguntó el cura muy excitado.
  • Después entró mi madre en la habitación.
  • ¡Vaaaya por Dios! suspiró el cura.
Son cosas que van unidas; son socios de una conspiración. Cuando uno está muy reprimido empieza a sentir un interés perverso. El problema es el interés perverso, no el sexo. Por tanto, el neurótico es el cura, no el sexo. El sexo no es el problema, pero ese hombre sí que tiene problemas. Dos monjas iban por la calle paseando cuando, de repente, dos hombres las atraparon, las arrastraron a un callejón oscuro y las violaron. Una de ellas empezó a decir:
  • Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
  • ¡Calla, calla! ¡Que este sí que sabe! dijo la otra.
Es inevitable que ocurra esto. Así que nunca albergues en tu mente ni una sola idea contra el sexo; de lo contrario no serás capaz de superarlo y convertirlo en amor. Las únicas personas que pueden ir más allá de la “simple atracción biológica y sexual” son aquellas que aceptan el sexo de forma realmente natural. Es difícil, ya lo sé, porque has nacido en una sociedad que se comporta de forma neurótica con el sexo. O bien lo condena, o bien lo glorifica, pero en ambos casos es neurótica. Es muy difícil salir de esa neurosis, pero si estás un poco alerta podrás salir de ella.

Así que no se trata de cómo trascender el sexo, sino de cómo trascender esta ideología perversa de la sociedad; el miedo al sexo, la represión del sexo, la obsesión con el sexo. El sexo es maravilloso. El sexo en sí mismo es un fenómeno natural, rítmico. Ocurre cuando el joven ya está preparado para concebir, y es bueno que ocurra, de lo contrario, no existiría la vida. La vida existe a través del sexo; el sexo es su médium. Si entiendes la vida, si amas la vida, sabrás que el sexo es sagrado, santo. Entonces lo vives, entonces te deleitas en él; y desaparece por sí solo, de forma tan natural como ha aparecido.

Hacia los cuarenta y dos años más o menos, tu interés por el sexo empezará a decaer de una forma tan natural como surgió. Pero eso no es lo que ocurre habitualmente. Al contrario, te sorprenderás que diga que es algo que sucederá a los cuarenta y dos años. Conoces a personas que tienen setenta u ochenta años y que no han superado su obsesión por el sexo. Conoces a “viejos verdes”. Son víctimas de la sociedad; no pudieron ser naturales. Es un lastre que arrastran porque reprimieron su sexualidad cuando deberían haber disfrutado y gozado de ella. No estuvieron presentes plenamente en esos momentos de dicha sexual.

No fueron orgásmicos, fueron un poco apáticos. Cada vez que haces algo con apatía, se prolonga más. Si estás sentada a la mesa comiendo, y comes con desgana, seguirás teniendo hambre. De modo que seguirás pensando en comida todo el día. Intenta ayunar y verás: ¡no harás más que pensar en comida! Pero puedes comer bien, y cuando digo bien, no quiero decir que te atiborres de comida, ya que eso no significa que necesariamente hayas comido bien. Puede que te hayas atiborrado de comida, pero comer bien es un arte. No se trata de hincharte a comer, es todo un arte; saborear la comida, olerla, tocarla, masticarla, digerirla, y digerirla como algo divino. Es divina; es un don.

Los hindúes dicen: Anam Brahma, el alimento es divino, un don de Dios. Comes con profundo respeto, y mientras comes te olvidas de todo lo demás, porque comer es rezar. Es una plegaria existencial. Te estás comiendo a Dios, y Dios te va a nutrir. Es un don que hay que aceptar con profundo amor y gratitud. No te llenes de comida, ya que hacerlo supone atentar contra el cuerpo. Es el polo opuesto. Hay personas que están obsesionadas con el ayuno, y hay personas que están obsesionadas con llenarse de comida. Ambas están equivocadas, porque son dos maneras de que el cuerpo pierda su equilibrio.

Aquel que realmente ama su cuerpo come solo hasta que este se siente totalmente tranquilo, equilibrado, sereno, hasta que el cuerpo siente que no se está inclinando hacia la izquierda ni hacia la derecha, sino que está justo en el medio. Entender el lenguaje del cuerpo es un arte; es entender el lenguaje de tu estómago, entender qué es lo que le hace falta y darle solo aquello que necesita; es hacerlo de forma artística, de forma estética. Los animales comen, el hombre come. ¿Cuál es la diferencia? El hombre convierte el acto de comer en una experiencia maravillosa y estética.

¿Qué sentido tiene decorar la mesa para la cena? ¿Qué sentido tiene encender velas? ¿Qué sentido tiene invitar a los amigos para que participen? Su sentido radica en convertirlo en un arte, no solo en llenarte de comida. No obstante, estos son los signos exteriores del arte; los signos interiores consisten en comprender el lenguaje de tu cuerpo y escucharlo, ser sensible a sus necesidades. Cuando actúas de ese modo comes, pero el resto del día no volverás a pensar en comida. Solo volverás a acordarte cuando el cuerpo tenga hambre de nuevo. Así es natural.

Con el sexo ocurre lo mismo. Si no tienes una actitud contraria a él, lo asumes como algo natural, como un don divino. Lo disfrutas con gratitud, lo disfrutas con espíritu de oración. El tantrismo dice que antes de hacer el amor con un hombre o con una mujer, deberías rezar porque va a producirse un encuentro divino de energías. Te embargará una fragancia de divinidad. Allí donde hay dos amantes, hay divinidad. Allí donde se encuentran y se funden las energías de dos amantes, hay vida, vida plena, al máximo; te embarga una energía divina. Las iglesias están vacías pero las habitaciones de los amantes están llenas de divinidad.

Si has probado el amor tal como el tantrismo dice que lo pruebes; si has conocido el amor tal como el tao dice que lo conozcas, cuando llegues a los cuarenta y dos años, el deseo de sexo empezará a desaparecer por sí solo. Y le dirás adiós con profunda gratitud, porque te sentirás satisfecho. Ha sido maravilloso, ha sido una bendición; le dices adiós. Además, cuarenta y dos años es la edad de la meditación, la edad adecuada. Desaparece el sexo y esa energía rebosante. Uno se tranquiliza. Ha desaparecido la pasión y ahora surge la compasión. Ahora ya no hay fiebre; uno ya no se interesa por “la otra persona”.

Al desaparecer el sexo, la otra persona ya no es el objetivo. Uno empieza a volver a su propia fuente; comienza el viaje de regreso. No trasciendes el sexo a través de tu esfuerzo. Lo trasciendes cuando lo vives totalmente. Así que te aconsejo que abandones todas las condenas, todas las actitudes que van en contra de la vida, y aceptes los hechos: el sexo existe, así que ¿quién eres tú para negarlo? Además, ¿quién es el que está intentando negarlo, superarlo? No es más que el ego. Recuerda: el sexo es lo que crea más problemas al ego. Existen dos tipos de personas: unas son muy egoístas y siempre están en contra del sexo y otras son humildes y nunca están en contra de él.

Pero ¿quién hace caso a las personas humildes? Por otra parte, las personas humildes no van por ahí predicando, solo lo hacen las egoístas. ¿Por qué existe un conflicto entre el sexo y el ego? Porque en el sexo no puedes ser egoísta, la otra persona se vuelve más importante que tú. Tu novio, tu novia, se vuelve más importante que tú. En cualquier otro caso, tú eres el más importante. En una relación amorosa, la otra persona se vuelve importantísima, absolutamente importante. Tú te conviertes en un satélite y la otra persona se convierte en el núcleo; y lo mismo le ocurre a la otra persona: tú te conviertes en el núcleo y él o ella se convierte en el satélite. Hay una rendición recíproca. Ambos os rendís al dios del amor, y ambos os volvéis humildes.

El sexo es la única energía que te ofrece indicios de que hay algo que no puedes controlar. Puedes controlar el dinero, puedes controlar la política, puedes controlar la bolsa, puedes controlar el conocimiento, la ciencia, la moralidad, puedes controlarlo casi todo. Pero en cierto modo, el sexo introduce un mundo totalmente diferente; no puedes controlarlo. Y el ego es un gran controlador. Si puede controlar está feliz; si no, se siente infeliz. Así que hay un conflicto entre el ego y el sexo. Recuerda: es una batalla perdida. El ego no puede ganar, porque el ego es muy superficial. El sexo está muy arraigado.

El sexo es tu vida; el ego solo es tu mente, tu cabeza. El sexo tiene sus raíces por todo tu cuerpo; el ego solo tiene raíces en tus ideas; es muy superficial, solo está en la cabeza. Así que ¿quién está intentando superar la atracción biológica y sexual? La cabeza está intentando controlar al sexo. Si eres muy cerebral querrás superar tus deseos sexuales, porque el sexo te hace descender a lo más terrenal. No te permite atrincherarte estando en la cabeza. Desde ahí puedes controlar todo lo demás, pero no puedes controlar el sexo. No puedes hacer el amor con la cabeza. Tienes que bajar, tienes que descender de tu altura, tienes que acercarte a la tierra.

Para el ego, el sexo es algo humillante, por eso las personas egoístas siempre están en contra del sexo. No hacen más que encontrar medios y maneras de trascenderlo. Sin embargo, no pueden trascenderlo nunca. Como mucho, pueden convertirse en unos pervertidos. Su esfuerzo está abocado al fracaso desde un principio. El otro día me contaron este chiste: El jefe de una oficina estaba entrevistando a las candidatas que se habían presentado para sustituir a su secretaria personal, que había pedido una baja por maternidad. El ayudante del jefe se sentó con él mientras entrevistaba a las candidatas. La primera chica era una rubia despampanante y pechugona. Resultó ser inteligente y bastante eficiente como secretaria.

La segunda era una morena aún más inteligente y competente que la primera. La tercera era una bizca, con dientes de conejo, gorda como un tonel, y que no tenía prácticamente ninguna habilidad. Después de entrevistar a las tres candidatas, el jefe informó a su socio que contrataría a la tercera candidata.
  • Pero ¿por qué? preguntó el empleado, asombrado.
  • En primer lugar, porque a mí me parece muy inteligente  contestó el jefe enfadado. En segundo lugar, no es asunto tuyo, y en tercer lugar, ¡es la hermana de mi mujer!
Puedes fingir que has vencido al sexo, pero hay una corriente subterránea que sigue fluyendo. Puedes racionalizarlo, puedes encontrar razones, puedes fingir, puedes crear una concha a tú alrededor, pero, en lo más profundo, la verdadera razón, la realidad, permanecerá intacta: “Es la hermana de mi mujer”, esa es la verdadera razón. “Me parece inteligente”, no es más que una racionalización. Y “no es asunto tuyo”, demuestra que estás enfadado y molesto porque tienes miedo de que otro descubra la verdad. Pero la verdad surgirá independientemente de lo que hagas; no puedes ocultarla, no es posible.

Así que puedes intentar controlar el sexo pero hay una corriente subterránea de sexualidad que discurre a través de tu ser y que se reflejará de muchas maneras. Asomará la cabeza continuamente en tu racionalización. No te aconsejo que hagas ningún esfuerzo para superar tu sexualidad. Te propongo lo contrario: olvídate de superarla. Profundiza en ella todo lo que puedas. Mientras esa energía esté ahí, vive lo más profundamente que puedas, ama lo más profundamente que puedas, y haz de ello un arte. No se trata solo de “acabar”. Este es el sentido del tantrismo: convertir el acto sexual en un arte. Hay matices sutiles, que solo serán capaces de conocer aquellas personas que se adentren en él con un gran sentido estético.

De lo contrario, puedes hacer el amor durante toda tu vida y seguir quedándote insatisfecha, porque no sabes que la verdadera satisfacción es algo muy estético. Es como una música sutil que surge de tu alma. Si a través del sexo entras en armonía; si a través del amor, eliminas la tensión y te relajas: si el amor no consiste únicamente en eliminar la energía porque no sabes qué hacer con ella; si no es únicamente un alivio sino una relajación; si te relajas con tu pareja y tu pareja se relaja contigo; si durante unos segundos, durante unos momentos o unas horas olvidas quién eres y te vuelves totalmente inconsciente, saldrás más pura, más inocente, más virgen. Y tendrás un modo diferente de ser: más tranquila, centrada, arraigada.

Si ocurre esto, de repente, un día, verás que ha bajado la marea y te ha dejado muchísimo más enriquecida. No lamentarás que haya desaparecido. Te sentirás agradecida porque ahora se abrirán mundos más ricos. Cuando el sexo te abandona, se abre la puerta de la meditación. Cuando el sexo te abandona, no intentas perderte a ti misma en la otra persona. Te vuelves capaz de perderte a ti misma en ti misma. Entonces surge otro mundo orgásmico, un orgasmo interior, de estar con uno mismo. Pero eso solo surge estando con la otra persona. Uno crece y madura a través de la otra persona. Entonces llega un momento en el que puedes estar sola y sentirte inmensamente feliz. No necesitas a nadie más.

Ha desaparecido la necesidad pero a través de ella has aprendido muchas cosas, has aprendido mucho sobre ti misma. La otra persona se ha convertido en un espejo, ¡y no lo has roto! Has aprendido tantas cosas sobre ti misma que ahora ya no necesitas mirarte al espejo. Puedes cerrar los ojos y ver allí tu rostro. Sin embargo, si al principio no ha habido espejo, no serás capaz de ver tu rostro. Deja que tu novio sea tu espejo, deja que tu novia sea tu espejo. Mira en los ojos de tu pareja y contempla tu rostro; dirígete hacia tu pareja para conocerte a ti misma. Si lo haces, llegará un día en el que ya no necesitarás el espejo.

¡Pero no tendrás nada en contra del espejo! Te sentirás tan agradecida hacia él que será imposible que estés en contra de él. Se lo agradecerás tanto que ¿cómo vas a estar en contra de él? Entonces, llega la trascendencia. La trascendencia no es represión. La trascendencia es un crecimiento natural de tu ser; te elevas, vas más allá, al igual que se rompe la semilla y comienza a surgir de la tierra un brote que comienza a crecer. Cuando desaparece el sexo, desaparece la semilla. Con el sexo, eras capaz de dar la vida a otro ser, a un niño. Cuando desaparece el sexo, toda la energía comienza a darte a luz a ti misma.

Es lo que los hindúes denominan dwija, el que ha nacido dos veces. Tus padres te dieron un nacimiento; el otro nacimiento está esperando. Tienes que dártelo tú misma. Tienes que ser tu padre y tu madre. Entonces toda tu energía se dirige hacia el interior; se convierte en un círculo interior. Ahora mismo te resultará difícil hacer un círculo interior. Te será más fácil conectarlo con otro polo una mujer o un hombre; entonces se completará el círculo. De ese modo podrás disfrutar las bendiciones de ese círculo. Pero poco a poco serás capaz de hacer el círculo interior, porque dentro de ti tú también eres un hombre y una mujer, una mujer y un hombre.

No hay nadie que sea solo hombre o solo mujer, porque tú provienes de la comunión de un hombre y de una mujer. Ambos participaron; tu madre te dio algo y tu padre te dio algo. Fueron a medias. Ambos están ahí. Existe la posibilidad de que ambos puedan encontrarse en tu interior. Tu padre y tu madre pueden amarse de nuevo en tu interior. Entonces surgirá tu realidad. Se encontraron en una ocasión, cuando nació tu cuerpo; ahora, si pueden encontrarse en tu interior, nacerá tu alma. En eso consiste la trascendencia del sexo: en un sexo superior.

Permíteme que te diga lo siguiente: cuando trasciendes el sexo, alcanzas un sexo superior. El sexo ordinario es burdo, el sexo superior no lo es en absoluto. El sexo ordinario se dirige hacia el exterior, el sexo superior se dirige hacia el interior. En el sexo ordinario se encuentran dos cuerpos, y el encuentro se produce en el exterior. En el sexo superior se encuentran tus energías interiores. No es físico, es espiritual, es tantrismo. El tantrismo es trascendencia. Si no entiendes esto, seguirás luchando contra el sexo.

Esta pregunta la ha hecho una chica que, mentalmente, me consta que está atravesando unos momentos críticos. Le gustaría ser independiente, pero es demasiado pronto. Le gustaría no preocuparse por nadie más, pero es demasiado pronto, y demasiado egoísta. Ahora mismo no es posible la trascendencia, solo es posible la represión. Pero si te reprimes ahora, cuando seas mayor, te arrepentirás, porque lo habrás estropeado todo. Cada cosa tiene su momento. Hay que hacer cada cosa en su momento.

Mientras seas joven, no tengas miedo del amor, ni tengas miedo del sexo. Si tienes miedo cuando eres joven, cuando seas mayor estarás obsesionada y entonces será difícil que profundices en el amor, y la mente seguirá estando obsesionada. He llegado a la conclusión de que si esas personas han vivido de forma correcta, de forma, natural, amando, a los cuarenta y dos años, más o menos, empezarán a superar el sexo. Si no han vivido de forma natural y han estado luchando contra el sexo, los cuarenta y dos años será el momento más peligroso, porque cuando tengan esa edad sus energías estarán disminuyendo.

Cuando eres joven puedes reprimirlo todo porque tienes mucha energía. ¡Observa qué paradójico! La persona joven puede reprimir la sexualidad muy fácilmente porque tiene energía para reprimirla. Puede aplastarla y sentarse encima de ella. Pero cuando las energías estén disminuyendo, esa sexualidad reprimida se afirmará y no serás capaz de controlarla. Una vez oí la siguiente anécdota: Un señor de sesenta y cinco años fue a la consulta de su hijo médico y le pidió que aumentara su potencial sexual. El hijo le puso una inyección y se negó a cobrársela. Sin embargo, el padre insistió en darle diez euros.

Después de una semana, el padre volvió para que le pusiera otra inyección, pero esta vez le dio al hijo veinte euros. El hijo le dijo:
  •  Pero papá, las inyecciones solo valen diez euros. El padre contestó:
  • ¡Cógelo! El resto es de parte de mamá.
Seguirá ocurriendo eso. Así que antes de que te ocurra a ti, por favor, acaba con ello. No esperes a ser mayor, porque entonces todo se vuelve horrible. Todo se pasa de estación. Si soy consciente de que mi amor apesta, ¿por qué sigo apegándome al olor? Vivimos de acuerdo con el pasado. Nuestras vidas están arraigadas en un pasado muerto, estamos condicionados por él. El pasado es muy poderoso, por eso sigues viviendo de acuerdo con un determinado patrón; aunque apeste, seguirás repitiéndolo. No sabes qué más puedes hacer, has sido condicionado por él. Es un fenómeno mecánico.

No es algo que te ocurra únicamente a ti, le ocurre a casi cualquier ser humano, a menos que se convierta en un buda. Convertirse en un buda significa liberarse del pasado y vivir en el presente. El pasado es inmenso, gigante, enorme. Durante millones de vidas has vivido de determinada forma. Puede que ahora seas consciente de que tu amor apesta, pero esa consciencia tampoco es muy profunda; es muy superficial. Si se vuelve profunda, si penetra hasta el fondo de tu ser, inmediatamente saldrás de ahí. Si tu casa se está quemando, no le preguntarás a nadie cómo salir. No consultarás la Enciclopedia Británica, ni esperarás a que venga un sabio y te lo diga. No te plantearás si es apropiado saltar desde la ventana o no, no te preocuparás por eso.

¡Aunque estés en la bañera desnudo, saltarás desnudo por la ventana! Ni siquiera te preocuparás de vestirte. Cuando se está quemando la casa, tu vida está en peligro; en ese momento, todo lo demás es secundario. Si tu amor apesta si realmente experimentas eso saldrás de ahí. No te limitarás a preguntarme a mí, saltarás de ahí. Sin embargo, yo creo que es una idea intelectual porque cada vez que estás enamorado, surge alguna infelicidad. Siempre hay algún tipo de conflicto, de lucha, de pelea, de celos, de deseo de posesión.

Así que has empezado a adoptar un punto de vista intelectual: “Si soy consciente de que mi amor apesta, ¿por qué sigo apegándome al olor?”. Porque todavía no es realmente una experiencia existencial. ¡Además, es tu propio olor! Uno se acostumbra a su propio olor. Por eso cuando alguien está solo no siente ese olor, solo lo huele cuando está con otra persona. Cuando estás enamorado, comienzas a mostrar tu verdadero rostro. El amor es un espejo. La otra persona comienza a funcionar como un espejo. Toda relación se convierte en un espejo.

Cuando estás solo no percibes tu propio olor, no puedes; te vuelves inmune a él. Llevas demasiado tiempo conviviendo con él, ¿cómo vas a olerlo todavía? Únicamente en presencia de otra persona comienzas a sentir que ella apesta y la otra persona empieza a sentir que tú apestas. Y comienza la lucha. Eso es lo que les ocurre a todas las parejas del mundo.
  •  Paco, ¿a dónde vas con esa cabra?
  • Me la llevo a casa, de mascota.
  • ¿A tu casa?
  • Sí.
  •  ¿Y el olor?
  • ¡Qué más da! A ella no le importa.
A ti no te molesta tu propio olor. De hecho, si de repente desapareciera te sentirías un poco alterado, te sentirías un poco incómodo. No sentirías que tu yo es natural; sentirías que algo va mal. Si amas y no surgen los celos, empezarás a pensar que quizá no es amor. ¿Qué tipo de amor es ese? ¡No parece que haya celos! Sí, tu amor apesta, y el amor de todo el mundo apesta, pero tú solo lo sientes cuando estás manteniendo una relación. Todavía no te has dado cuenta de que tiene algo que ver contigo. En lo más profundo sigues pensando que es al otro a quien debe de pasarle algo. Así funciona la mente: carga la responsabilidad sobre la otra persona.

Se acepta a sí misma y no hace más que buscar faltas en los demás. En un cine hay unas cuantas personas sentadas en la primera fila. Comienza la película y de repente empieza a oler muy mal. Uno de los espectadores se dirige al hombre que está sentado a su lado y le pregunta: ¿Qué pasa? ¿Te has “cagao” encima o qué? El hombre le responde: Sí, ¿por qué? ¡La gente se acepta a sí misma totalmente! Todo lo que haga está bien. “¿Qué pasa? ¿Qué tiene de malo?” Son sus pantalones así que ¿por qué te metes? Además, ¡todos tenemos derecho a la libertad! Si tu amor apesta, trata de descubrir qué es lo que apesta exactamente.

No es amor, es otra cosa. El amor tiene una fragancia; no puede apestar, es una flor de loto. Tiene que ser otra cosa; celos, deseo de posesión. Pero tú no has mencionado ni los celos ni el deseo de posesión. Los estás ocultando. El amor nunca apesta; es imposible; no forma parte de la naturaleza del amor. Por favor, intenta entender exactamente qué es lo que provoca el problema. Y no estoy diciendo que lo reprimas. Lo único que necesitas es tenerlo claro, eso es todo. Si son los celos, te aconsejaría que estés más pendiente de ellos. La próxima vez que surjan, en vez de enfadarte y cerrar tus puertas, siéntate en silencio, siéntate en meditación, y observa tus celos.

Distingue de qué se trata exactamente. Te rodearán como un humo, un humo sucio. Te ahogará. Tendrás ganas de salir y hacer algo, pero no hagas nada. Permanece en un estado de no acción, porque todo lo que hagas en un momento de celos será destructivo. Simplemente observa. Pero no te estoy diciendo que lo reprimas, porque eso supone nuevamente hacer algo. Los hombres pueden ser expresivos o represivos, y ambas cosas están mal. Si te expresas te vuelves destructivo hacia la otra persona. Sea quien sea tu víctima, esta sufre, y se vengará. Puede que no se vengue de forma consciente, pero lo hará inconscientemente.

Hace tan solo unos meses, KB se enamoró de una chica. Eso no tiene nada de especial, ¡pero su novia Deeksha se enfadó muchísimo! No podía aceptarlo. Durante siglos se nos ha dicho que si un hombre o una mujer te aman, y luego se va con otra persona, quiere decir que te ha rechazado. Eso es una absoluta tontería. No es un rechazo; en realidad, es justo lo contrario. Si un hombre ama a una mujer y disfruta con ella, empieza a fantasear cómo sería con otras mujeres. En realidad es la dicha que le ha proporcionado esa mujer la que despierta su fantasía. No es que esté rechazando a esa mujer, en realidad es una señal de que esa mujer ha supuesto tal alimento para él que ahora le gustaría ver y saber cómo son otras mujeres.

Y si se le permite hacerlo, lo más probable es que no vaya muy lejos; volverá, porque puede que la otra mujer sea una novedad, puede que sea algo nuevo, pero no será un alimento, ya que no habrá ninguna intimidad. Será algo vacío. Será sexo sin amor. El amor necesita tiempo para crecer, necesita intimidad para crecer. Necesita bastante tiempo. No es una flor de temporada que solo florece durante tres o cuatro semanas, y después desaparece. Es un largo proceso durante el cual la intimidad va creciendo. Poco a poco, dos personas se funden y se fusionan; entonces se convierte en algo nutritivo. La otra mujer, o el otro hombre, no pueden ser nutritivos.

Lo único que puede ser es una aventura, algo emocionante, pero, de repente, empezará a sentir será inevitable que como diversión no ha estado mal, pero que no ha sido muy nutritivo. Y la persona volverá. KB habría vuelto pero Deeksha se puso histérica. ¡Se comportó como cualquier otra mujer! Yo estaba esperando a ver si se vengaría. Y ahora es cuando se está vengando. KB se puso enfermo, estaba en el hospital, y Deeksha tuvo un poco de libertad; ¡se enamoró de unas manitas que iba a hacerles arreglillos en casa! ¡No quedó la menor duda de que era un auténtico “manitas”! Así que ahora KB está sufriendo mucho.

No hay de qué preocuparse. Le he enviado a KB un mensaje: “Espera un poco, no te preocupes. Deja que ella se vengue. Es bueno que libere ese peso inconsciente”. Si nos entendiéramos el uno al otro un poco más, si entendiéramos algo mejor la naturaleza humana, no habría celos. Pero es un antiguo legado de siglos. No es fácil librarse de él, no pretendo que lo abandones ahora mismo. Tendrás que meditar sobre él. Cuando te posea, medita sobre él. Poco a poco, la meditación creará una distancia entre tú y los celos. Y cuanto mayor sea la distancia, menos celos tendrás.

Un día, cuando ya no haya celos, de tu amor emanará tal fragancia que ninguna flor podrá competir con él. Todas las flores son vulgares comparadas con el florecimiento del amor. Pero tu amor está tullido por los celos, el deseo de posesión y la ira. No es que el amor apeste. Recuérdalo, porque conozco a personas que piensan que es el amor el que apesta así que se cierran, se vuelven herméticas, dejan de amar. Eso es lo que les ha ocurrido a millones de monjes y monjas a lo largo de los siglos: se cerraron al amor, eliminaron por completo la idea de amor.

En vez de eliminar los celos, lo cual habría supuesto una revolución; en vez de eliminar el deseo de posesión, lo cual habría sido algo muy valioso, eliminaron el amor. Eso es fácil, no es muy complicado; cualquiera puede hacerlo. Es muy fácil ser monje o monja, pero amar y no ser celoso, amar y no ser posesivo, amar y dejar que la otra persona tenga su libertad, es un auténtico triunfo. Solo entonces experimentarás el amor y su fragancia.
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Acerca de Elmer Escobedo

Sólo un ciego puede definir fácilmente qué es la luz. Cuando no sabes, eres atrevido. La ignorancia siempre es atrevida; el conocimiento duda. Y cuanto más sabes, más sientes que se disuelve el suelo bajo tus pies.

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