El amor y el arte de no hacer

Aprender a amar - Osho

HAY COSAS QUE SOLO OCURREN, que no pueden hacerse. Hacer es el camino de las cosas ordinarias, de las cosas triviales. Puedes hacer algo para ganar dinero, puedes hacer algo para ser poderoso, puedes hacer algo para tener prestigio, pero no puedes hacer nada en lo referente al amor, a la gratitud, al silencio. Es importante entender que “hacer” significa el mundo, y no hacer significa aquello que está más allá del mundo; donde las cosas ocurren, donde solo la marea te puede conducir a la orilla. Si nadas, no lo conseguirás. Si haces algo, lo desharás, porque toda acción es mundana.

Muy pocas personas llegan a conocer el secreto del no hacer y permitir que las cosas ocurran. Si quieres grandes cosas, cosas que están más allá del pequeño alcance de las manos humanas, de la mente humana, de las habilidades humanas, tendrás que aprender el arte de no hacer. Yo lo denomino meditación. Es un problema, porque en cuanto le pones un nombre la gente empieza a preguntar cómo “hacerlo”. Pero no puedes porque la misma palabra “meditación” crea la idea de hacer. Son personas que han hecho un doctorado, que han hecho mil cosas, cuando oyen la palabra “meditación” dicen: “Pues dinos cómo se hace”.

Sin embargo, la meditación alude fundamentalmente al principio del no hacer, relajarse, dejarse llevar por la marea; limitarse a ser una hoja mecida por la brisa, o una nube que se mueve con el viento. Nunca le preguntes a una nube: “¿Adónde vas?”. Ni siquiera ella misma lo sabe; no tiene dirección, no tiene destino. Estaba yendo al sur, pero si el viento cambia, irá hacia el norte. La nube no le dice al viento: “Esto no tiene ni pies ni cabeza. Estábamos yendo hacia el sur y ahora vamos hacia el norte. ¿Qué sentido tiene?”. No, simplemente empieza a moverse hacia el norte tan fácilmente como se estaba moviendo hacia el sur.

A ella le da igual norte, sur, este u oeste. Simplemente se mueve con el viento, sin ningún deseo, sin ningún objetivo, sin tener que llegar a ningún lugar; simplemente disfruta del viaje. La meditación te convierte en una nube; una nube de la conciencia. No hay ningún objetivo. No le preguntes nunca a un meditador: “¿Por qué meditas?”. Esa pregunta no tiene ninguna importancia. La meditación es en sí misma tanto el objetivo como el camino. Lao Tsé es una de las figuras más importantes en el terreno del no hacer.

Si se escribiera bien la historia, debería haber dos tipos de historia. La historia de los hacedores, que incluye a Gengis Kan, Tamerlán, Nadir Shah, Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Iván el Terrible, lósiv Stalin, Adolf Hitler, Benito Mussolini; todas estas personas pertenecen al mundo de la acción. Y debería haber otra historia; una historia más amplia, una historia real, de la conciencia humana, de la evolución humana. Esa es la historia de Lao Tsé, Chuang Tsé, Lieh Tsé, Gautama Buda, Mahavira, Bodhidharma; un tipo de personas totalmente diferentes.

Lao Tsé halló la iluminación sentado bajo un árbol. Una hoja empezó a caer; era otoño y no tenía prisa; la hoja empezó a descender en zig-zag mecida por el viento, lentamente. Él contempló la caída de la hoja. La hoja se posó en la tierra, y mientras contemplaba cómo caía la hoja y cómo se asentaba en el suelo, algo se asentó en él. Desde ese momento se convirtió en un no hacedor. Los vientos vienen por sí solos, y la existencia se ocupa de todo.

Lao Tsé extrajo sus enseñanzas del curso del agua: fluye con el agua allá donde vaya, no nades. Pero la mente siempre quiere hacer algo, porque de ese modo el mérito le corresponde al ego. Si dejas que la marea te lleve, el mérito lo tiene la marea, no tú. Si nadas, existe la posibilidad de que tu ego se vuelva más grande: “¡Conseguí cruzar el canal de la Mancha!”. Sin embargo, la existencia te da el nacimiento, te da la vida, te da el amor; te da todo aquello que es invalorable, todo aquello que no puedes comprar con dinero. Solo aquellos que están dispuestos a atribuir todo el mérito de sus vidas a la existencia descubren la belleza y la bendición del no hacer.

No es cuestión de hacer. Es cuestión de que el ego esté ausente, de dejar que las cosas ocurran. “Deja que las cosas fluyan”; en estas palabras se resume toda la experiencia. En la vida estás intentando hacerlo todo. Por favor, deja algunas cosas para el no hacer, ya que esas son las únicas cosas valiosas. Hay personas que están intentando amar porque desde el principio la madre no hace más que decirle al niño: “Tienes que amarme porque soy tu madre”. Está convirtiendo el amor en un principio lógico: “porque soy tu madre”.

No está permitiendo que el amor surja por sí solo, está forzándolo. El padre dice: “Ámame, soy tu padre”. Y el niño se siente tan impotente que lo único que puede hacer es fingir. ¿Qué otra cosa puede hacer? Sonríe, da un beso, pero sabe que todo es fingido: en realidad no lo siente, todo es falso. No está surgiendo de él sino que lo hace porque tú eres su padre, tú eres su madre, tú eres eso, tú eres aquello. Están destruyendo una de las experiencias más maravillosas de la vida. Las mujeres dicen a sus maridos: “Tienes que amarme, soy tu mujer”.

Es muy raro. Los maridos dicen: “Tienes que amarme. Soy tu marido. Tengo derecho”. El amor no se puede exigir. Si se cruza en tu camino, da gracias; si no, espera. Ni siquiera debes quejarte durante la espera, porque no tienes derecho a él. El amor no es un derecho de nadie, ninguna constitución puede darte el derecho a la experiencia del amor. Pero están destruyéndolo todo; las mujeres están sonriendo y los hombres están abrazando. Uno de los escritores estadounidenses más famosos, Dale Carnegie, dice que todos los maridos deberían decir a sus mujeres al menos tres veces al día: “Te quiero, cariño”.

Pero ¿está loco? Sin embargo, lo dice en serio, y funciona; mucha gente, millones de personas, son seguidores practicantes de Dale Carnegie. “Cuando llegues a casa, lleva helado, flores, rosas, para demostrarle tu amor a tu mujer”, como si hubiera que demostrar el amor, como si hubiera que probarlo materialmente, pragmáticamente, lingüísticamente, como si hubiera que verbalizarlo una y otra vez para que nadie lo olvide. Si durante unos días no le dices a tu mujer “te quiero” contará cuántos días han pasado, y empezará a sospechar que se lo estás diciendo a otra, porque estás reduciendo su cuota.

El amor es cuantificable. “Si ya no trae helado quiere decir que ese helado debe de estar yendo a parar a otro lugar”, y eso es intolerable. Hemos creado una sociedad que solo cree en los “actos”, mientras que la parte espiritual de nuestro ser permanece muerta de hambre, porque necesita algo que no se hace sino que ocurre. No se trata de que consigas decir “te amo” sino que de repente te encuentras a ti mismo diciendo que amas. Tú mismo te sorprendes de lo que estás diciendo. No es algo que primero hayas ensayado mentalmente y luego hayas dicho; no, es algo espontáneo.

De hecho, los verdaderos momentos de amor no se expresan. Cuando realmente estás enamorado, esa misma sensación crea a tu alrededor una especie de aura que dice todo aquello que tú no puedes decir, que nunca se puede decir. Sin embargo, nosotros lo controlamos todo, lo convertimos todo en “hacer” y el resultado final es que poco a poco la hipocresía se convierte en nuestra principal característica. Nos olvidamos completamente de que es hipocresía. Y en la mente, en el ser de la persona que es hipócrita, cualquier cosa del ámbito del no hacer es imposible. Puedes seguir haciendo cada vez más cosas; te convertirás en un robot.

Así que cada vez que de repente tengas una experiencia en la que algo ocurra, acéptala como un don de la existencia y convierte ese momento en el heraldo de un nuevo estilo de vida. Deja que de veinticuatro horas, haya algunos momentos en los que no estés haciendo nada, únicamente estés permitiendo que la existencia haga algo en ti. Verás cómo empiezan a abrirse ventanas en ti, ventanas que te conectarán con lo universal, con lo inmortal. Creo que gran parte de mi “acción” consiste en evitar el aburrimiento.

¿Podrías hablar de la naturaleza de las experiencias que denominamos aburrimiento e inquietud? El aburrimiento y la inquietud están profundamente relacionados. Siempre que estás aburrido estás inquieto. La inquietud es una consecuencia del aburrimiento. Intenta comprender el mecanismo. Siempre que estás aburrido quieres alejarte de esa situación. Si alguien está contando algo y tú te estás aburriendo, empiezas a ponerte nervioso. Es una indicación sutil de que quieres alejarte de ese lugar, de esa persona, de esa conversación estúpida. Tu cuerpo empieza a moverse.

Evidentemente, lo reprimes por educación, pero el cuerpo ya se está moviendo porque es más auténtico que la mente; el cuerpo es más honesto y sincero que la mente. La mente está intentando ser educada, sonreír. Dices: “¡Qué interesante!”, pero por dentro estás pensando: “Qué aburrimiento Ya he oído esa historia un montón de veces y ahora vuelves a contarla otra vez”. Me contaron una anécdota sobre la mujer de Albert Einstein. Los amigos de Albert Einstein solían ir a visitarlo y, por supuesto, él siempre les contaba anécdotas y chistes, y ellos se reían.

Pero uno de sus amigos sintió curiosidad porque se dio cuenta de que cada vez que iba a casa de Einstein, y este empezaba a contar historias, su mujer se ponía a hacer punto o cualquier otra cosa. Así que le preguntó: “¿Por qué hace punto cada vez que su marido empieza a contar una historia?”. Ella contestó: “Si no hiciera algo, me resultaría tremendamente difícil soportarlo, porque ya he oído esas historias y esos chistes miles de veces. Usted solo viene de visita de vez en cuando, pero yo siempre estoy aquí.

Cada vez que viene alguien, cuenta los mismos chistes y las mismas historias. Si no hiciera nada práctico, me pondría tan nerviosa que resultaría maleducada. Así que tengo que calmar mi nerviosismo haciendo algún tipo de trabajo. De ese modo oculto mi inquietud en mi trabajo”. Siempre que estés aburrido te sentirás inquieto. La inquietud es una señal del cuerpo; el cuerpo te está diciendo: “Sal de aquí. Vete donde sea pero no permanezcas aquí”. Sin embargo, la mente continúa sonriendo, los ojos continúan brillando y tú sigues diciendo que estás escuchando y que nunca has oído una historia tan interesante.

La mente es educada; el cuerpo sigue siendo salvaje. La mente es humana, el cuerpo sigue siendo animal. La mente es falsa; el cuerpo es sincero. La mente conoce las normas y las reglas, cómo comportarse y cómo no comportarse. Así que aunque te encuentres a una persona muy aburrida, le dirás: “¡Qué alegría verte!”. Pero en lo más profundo, si pudieras, ¡lo asesinarías! Tienes ganas de matarlo. Así que te inquietas, te pones nervioso. Si escuchas a tu cuerpo y sales corriendo, desaparecerá la inquietud. ¡Inténtalo! Cuando alguien te esté aburriendo, simplemente empieza a saltar y a correr.

Observa qué ocurre; tu inquietud desaparece, porque lo único que intenta hacerte saber la inquietud es que la energía no quiere estar ahí. La energía ya se está marchando; la energía va ha abandonado ese lugar. Ahora estás siguiendo los pasos de la energía, así que desaparece la inquietud. Lo fundamental es entender el aburrimiento, no la inquietud. El aburrimiento es un fenómeno muy significativo. Solo el hombre se aburre, no hay ningún otro animal que se aburra. No puedes aburrir a un búfalo, es imposible. El hombre es el único que se aburre, porque es consciente. La causa de que se aburra es la conciencia. Cuanto más sensible eres, cuanto más alerta estás, más consciente eres, más te aburrirás, y en más situaciones.

La mente mediocre no se aburre tan fácilmente. Lo soporta; acepta todo lo que ocurre como bueno. No está alerta. Cuanto más alerta estés, cuanto más fresco estés, más sentirás que determinada situación es solo una repetición, te resulta intolerable, te parece estancada. Cuanto más sensible eres, más fácilmente te aburres. El aburrimiento es una señal de sensibilidad. Los árboles no se aburren, los animales no se aburren, las piedras no se aburren porque no son lo suficientemente sensibles. Esta es una de las cosas más importantes que debes entender sobre tu aburrimiento: ocurre porque eres sensible.

Sin embargo, los budas tampoco se aburren. No puedes aburrir a un buda. Los animales no se aburren y los budas no se aburren, así que el aburrimiento es un fenómeno intermedio entre el animal y el buda. Para aburrirse hace falta un poco más de inteligencia y de sensibilidad de la que tienen los animales. Y para superar el aburrimiento tienes que volverte totalmente sensible. Entonces, vuelve a desaparecer el aburrimiento. Pero entre estos dos estados hay aburrimiento. Si te asemejas a un animal, desaparece el aburrimiento. Así que observarás que las personas que viven una vida muy animal se aburren menos.

Comer, beber, casarse; no se aburren, pero tampoco son muy sensibles. Viven al mínimo, solo con la conciencia necesaria para la rutina de la vida cotidiana. Descubrirás que los intelectuales, las personas que piensan mucho, se aburren más porque piensan, y al pensar se dan cuenta de que hay algo repetitivo. Tu vida está llena de repeticiones. Cada mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida. Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina, la misma gente, el mismo trabajo. Después vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que te aburras.

Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo, polvoriento. Una vez escuché la siguiente anécdota: Un día, mientras estaba en su casa, la amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente. La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
  • Déjame pasar. No tengo intención de organizar ninguna escena, solo quiero que hablemos tranquilamente. La amante, muy nerviosa, la dejó pasar y le preguntó con recelo:
  •  ¿Qué quieres? Ella contestó:
  • Nada importante. Solo quería que me respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿qué le ves a ese estúpido?
El mismo marido, al cabo de tantos días, se convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que prácticamente olvides su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer, la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció el esplendor y el brillo.

El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que están completamente aburridos. Todo el mundo está aburrido, aburrido como una ostra. Contempla sus rostros: no tienen un aura de dicha. Contempla sus ojos: están apagados, sin ningún destello de felicidad interior. Van de la oficina a casa, de casa a la oficina y, poco a poco, su vida se convierte en una rutina mecánica, en una constante repetición. Y llega un día en el que mueren.

La mayoría de la gente muere sin haber estado viva. Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la vista atrás, solo puedo encontrar unos cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”. ¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos esos momentos, esperamos esos momentos, pero casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran, tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando te enamoras de una mujer o de un hombre te parece como si hubiera ocurrido un milagro, pero poco a poco el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.

El aburrimiento es la consciencia de la repetición. Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote. De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de nada.

Cuando una sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches. Entonces, ¿qué se puede hacer? Ser más consciente. No se trata de cambiar de situación. Transforma tu ser, sé más consciente. Si te vuelves más consciente serás capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero para eso, hace falta mucha energía, una gran energía de conciencia.

Recuerda, la mujer no es la misma. Vives una ilusión. Vuelve a casa y contempla de nuevo a tu mujer; no es la misma. Nadie puede ser el mismo; solo las apariencias nos engañan, los árboles no son los mismos que eran ayer. ¿Cómo van a serlo? Han crecido. Algunas hojas se han caído, y otras han salido. Contempla los árboles de tu calle. ¿Cuántas hojas nuevas han brotado? Todos los días caen hojas viejas y brotan hojas nuevas. Pero tú no eres lo suficientemente consciente.

Hay dos maneras de escapar del aburrimiento: o bien no seas consciente para que no puedas sentir la repetición, o bien sé tan consciente que en cada repetición puedas ver algo nuevo. Cambiar las cosas externas no te servirá de nada. Es como si en tu casa cambiaras continuamente los muebles de sitio. Puedes ponerlos de una manera u otra, pero hagas lo que hagas, serán los mismos muebles. Hay muchas personas que piensan continuamente cómo ordenar las cosas, dónde ponerlas, cómo colocarlas, dónde no ponerlas, y van cambiando las cosas de acuerdo con sus ideas. Pero es la misma habitación y son los mismos muebles.

¿Hasta cuándo podrás engañarte de esta manera? Poco a poco todo se asienta, desaparece la novedad. No tienes un tipo de conciencia que pueda ir descubriendo lo nuevo una y otra vez. Para la mente aburrida todo es viejo; para una mente completamente viva, no hay nada viejo bajo el sol, no puede haberlo. Todo fluye. Cada persona está fluyendo, es como un río. Las personas no son cosas muertas, ¿cómo van a ser lo mismo? ¿Acaso tú eres el mismo? Desde que te has levantado esta mañana y has salido hasta que has vuelto a casa, han ocurrido un montón de cosas. Algunos pensamientos han desaparecido de tu mente, otros han entrado.

Puede que hayas logrado una nueva percepción de las cosas. Es imposible que vuelvas a casa siendo igual a como has salido. El río está fluyendo constantemente; parece el mismo, pero no lo es. El viejo Heráclito dijo que no puedes bañarte dos veces en el mismo río porque el río, nunca es el mismo. Por un lado tú no eres el mismo, y por otro lado todo está cambiando., así que hay que vivir con la máxima conciencia. Vive, o bien como un buda, o bien como un búfalo, entonces no te aburrirás. Tú eliges. No he visto nunca a nadie que constantemente sea el mismo. Siempre me sorprende la novedad que muestras cada día.

Aunque puede que no seas consciente de ella. Sigue siendo capaz de sorprenderte. Permíteme que te cuente una anécdota: Un hombre entra en un bar sumido en sus pensamientos, y después de pedir una cerveza le pregunta a la camarera:
  • Perdone, ¿cuánto es? La camarera le contesta a voz en grito:
  • ¡Cómo se atreve a hacerme esa proposición! El hombre se queda paralizado del susto y al darse cuenta de que todo el mundo le está mirando, se siente incomodísimo y dice entre dientes:
  •  Señorita, solo le estaba preguntando que cuánto valía. La mujer le contesta chillando aún más fuerte:
  • ¡Como diga una palabra más llamo a la policía! El hombre coge su cerveza y se sienta a una mesa al fondo del bar, agazapado, conteniendo la respiración, y deseando salir del bar. Al cabo de medio minuto, la camarera se le acerca y en un tono muy sereno le dice:
  • Disculpe, siento mucho haberle avergonzado, pero estudio psicología en la universidad y estoy haciendo la tesis sobre la reacción de los seres humanos a las afirmaciones repentinas y chocantes. El hombre se queda mirándola durante unos segundos, después se hecha hacia atrás y dice a voz en grito:
  •  ¿Y pasarías toda la noche conmigo haciéndome todo eso por solo dos euros? La chica se desmaya del susto.
Es probable que no permitamos que nuestra conciencia se eleve más porque entonces la vida sería una sorpresa constante. Puede que no seas capaz de controlarla. Por eso has aceptado una mente aburrida, has invertido en ella. No es que seas aburrido porque sí; tienes tus razones: si estuvieras realmente vivo, todo sería sorprendente y chocante. Si eres aburrido, nada te sorprende, nada te choca. Cuanto más aburrido eres, más aburrida te parece la vida. Si te vuelves más consciente, la vida también se volverá más viva, más ajetreada, y tendrás dificultades.

Siempre vives con falsas expectativas. Cada día llegas a casa y esperas cierto comportamiento de tu mujer. Date cuenta de que eres tú quien creas tu propia infelicidad. ¿Esperas un comportamiento concreto de tu pareja y pretendes que al mismo tiempo sea nueva? ¡Estás pidiendo algo imposible! Si realmente quieres que tu mujer, tu marido o tu pareja sea constantemente nuevo para ti, no esperes nada. Vuelve siempre a casa dispuesto a sorprenderte y a asombrarte; entonces, la otra persona será nueva.

Sin embargo, en vez de eso, esperamos que la otra persona cumpla ciertas expectativas. Y nosotros no permitimos que la otra persona conozca nuestra frescura, plena y fluida. No hace más que ocultarnos, no nos exponemos porque tememos que la otra persona no sea capaz de entendernos. Tanto el marido como la mujer, esperan que el otro se comporte de determinada manera, y, por supuesto, cada uno de ellos representa bien su papel. No estamos viviendo la vida, estamos representando un papel. El marido vuelve a casa y se obliga a cumplir determinado papel. Cuando entra en casa ya no es una persona viva, no es más que un marido.

Ser un marido conlleva determinado tipo de comportamiento. En casa, la mujer es una esposa, y el hombre es un marido. Así que cuando se unen, en realidad son cuatro personas: el marido y la esposa que no son auténticas personas sino personajes, máscaras, falsos patrones, comportamientos esperados, deberes, y las auténticas personas, que se ocultan tras la máscara. Esas auténticas personas están aburridas. Pero has invertido demasiado en tu personaje, en tu máscara. Si realmente quieres una vida que no sea aburrida, quítate la máscara, sé sincero. A veces te resultará difícil, ya lo sé, pero vale la pena. Sé sincero.

Si te apetece hacer el amor con tu mujer, hazlo; de lo contrario di que no te apetece. Lo que está ocurriendo es que el marido continúa haciendo el amor con su mujer, pero pensando en una actriz. En su imaginación, no está haciendo el amor con su mujer, lo está haciendo con otra. Y lo mismo le sucede a la mujer. Así que las cosas se vuelven aburridas porque ya no están vivas. Se ha perdido la intensidad, la agudeza. Mientras un matrimonio estaba en la estación esperando el tren, el marido se pesó en una de esas máquinas en las que introduces el dinero y sale una tarjeta con el peso y en el dorso te dice tu horóscopo.
En cuanto salió la tarjeta, la mujer se la quitó de las manos y comenzó a leerla:
  • A ver. Dice que eres firme y resolutivo, que tienes una personalidad resuelta, que eres emprendedor para los hombres y atractivo para las mujeres. Le dio la vuelta al papel, y después de mirarlo durante unos segundos dijo:
  • También se han equivocado en el peso.
Ninguna mujer puede soportar que su marido se sienta atraído por otras mujeres.  Ahí está el meollo, el quid. Si no se interesa por otras mujeres, ¿cómo puede esperar que se interese por ella? Solo si se interesa por otras mujeres se sentirá atraído por ella, porque ella también es una mujer. Pero la mujer quiere que se sienta atraído por ella y por nadie más. Es pedir algo absurdo. Es como si estuvieras diciendo: “Te permito que respires en mi presencia pero en la de nadie más. ¿Cómo te atreves a respirar en otra parte?”. Respira solo cuando tu mujer esté delante, respira cuando tu marido esté delante, pero solo entonces.

Evidentemente, si hicieras eso morirías, y por tanto tampoco podrías respirar delante de tu pareja. El amor tiene que ser una forma de vida. Tienes que amar. Solo entonces podrás amar a tu mujer o a tu marido. Pero la mujer dice: “No, no deberías mirar a nadie más con ojos amorosos”. Por supuesto, lograrás controlarte porque si no tendrías muchos problemas, pero poco a poco desaparece el brillo de tus ojos. Si no puedes mirar a nadie más con amor, poco a poco tampoco podrás mirar a tu mujer con amor. Pierdes la capacidad de hacerlo. Y lo mismo le ha ocurrido a ella. Lo mismo le ha ocurrido a toda la humanidad.

De modo que la vida es un aburrimiento; todo el mundo está esperando la muerte. Hay gente que está constantemente pensando en el suicidio. Marcel ha dicho que el único problema metafísico al que se enfrenta la humanidad es el suicidio. Y así es, porque la gente está muy aburrida. Es asombroso que no haya más personas que se suiciden, que sigan viviendo. La vida no parece darles nada, parece haber perdido todo el sentido, pero aun así la gente sigue arrastrándose, esperando que algún día ocurra un milagro y todo se enderece. Sin embargo, eso no ocurre nunca. Eres tú quien tiene que enderezarlo; nadie puede hacerlo por ti.

No va a venir ningún Mesías, no esperes que venga ninguno. Tú tienes que ser una luz para ti mismo. Vive de forma más auténtica. Quítate las máscaras; son un peso en tu corazón. Elimina toda falsedad. Exponte. Evidentemente, será difícil, pero merece la pena, porque solo después de la dificultad crecerás y madurarás. Y entonces ya nada estará sujetando la vida. Cada momento te muestra su novedad, es un milagro constante que tiene lugar a tu alrededor; lo único que ocurre es que tú te estás ocultando tras hábitos muertos.

Conviértete en un buda si no quieres aburrirte. Vive cada momento tan alerta como puedas, porque solo si estás completamente alerta serás capaz de quitarte la máscara. Te has olvidado completamente de cómo es tu verdadero rostro. Incluso cuando estás solo en el baño frente al espejo, y no hay nadie más, incluso en ese momento eres incapaz de ver reflejado tu rostro original. Allí también sigues engañándote a ti mismo. La existencia está a la disposición de aquellos que están a la disposición de la existencia. Y yo te aseguro que cuando eso ocurre no hay aburrimiento. La vida es una dicha inagotable.

¿Te importaría hablar un poco más sobre lo que entiendes por intimidad? Particularmente, cuándo es positivo permanecer juntos en los momentos difíciles en un matrimonio o en una pareja y cuándo es negativo. El matrimonio es una forma de evitar la intimidad. Es un ardid para crear una relación formal. La intimidad es informal. Si el matrimonio surge de la intimidad es maravilloso pero si estás esperando que la intimidad surja del matrimonio esperas en vano. Por supuesto, ya sé que mucha gente, millones de personas, se han conformado con el matrimonio en detrimento de la intimidad; porque la intimidad conlleva un crecimiento y es dolorosa.

El matrimonio es muy seguro. No hay ningún peligro. En él no hay crecimiento. Se está estancado. El matrimonio es un acuerdo sexual; la intimidad es una búsqueda de amor. El matrimonio es una especie de prostitución de carácter permanente. Casarse con un hombre o con una mujer es una prostitución permanente. Es un acuerdo económico, no psicológico, no del corazón. Así que ten presente esto: si el matrimonio surge de la intimidad, es maravilloso. Lo que significa que todas las personas deberían haber vivido juntas antes de casarse. La luna de miel no debería tener lugar después del matrimonio sino antes.

Una pareja debería haber vivido las noches oscuras, los días maravillosos, los momentos tristes, los momentos alegres, juntos. Uno debería haber mirado profundamente en los ojos de su pareja, en el ser de la otra persona. ¿Cómo puedes decidir? Si tu intimidad te está ayudando a crecer y a ser más maduro, entonces es positiva, buena, saludable y sana. Si es destructiva y no te está permitiendo madurar, sino que por el contrario te está obligando a permanecer infantil, inmaduro, entonces es malsana. Toda relación que te mantenga en un estado infantil es destructiva. Sal de ella. Pero conserva una relación que te plantee retos para crecer, para vivir aventuras, para profundizar y elevarte en la vida.

No estoy diciendo que en una relación o un matrimonio positivo no vaya a haber problemas; habrá más problemas que en el negativo. Una relación positiva tendrá más problemas porque cada día habrá nuevos retos. Pero cada vez que resuelvas un problema habrás ascendido un poco; cada vez que aceptes un reto, descubrirás que algo se ha integrado en tu ser. Una relación negativa no tiene problemas, a lo sumo tiene seudo problemas, supuestos problemas; no problemas reales. ¿No te has dado cuenta? Las parejas se pelean por tonterías. No son problemas auténticos, y discutir por ellos no te aportará nada, no te ayudará en tu crecimiento.

Fíjate en las parejas, fíjate en ti mismo. Quizá eres un marido, una esposa; limítate a observar. Si estás peleándote por tonterías, por pequeñas cosas sin importancia, seguirás siendo inmaduro e infantil. Los problemas reales, los problemas auténticos, a los que realmente hay que enfrentarse, crean un gran torbellino en tu ser; provocan un ciclón en ti. Uno tiene que enfrentarse a ellos, no tiene que evitarlos nunca. Sin embargo, las cuestiones triviales son un escape para rehuir las verdaderas. El marido y la esposa se pelean por cosas muy pequeñas; qué película ir a ver, de qué color comprar el coche, qué modelo, de qué marca, a qué restaurante ir a cenar.

¡Por cosas tan tontas! Son detalles irrelevantes. Estás creando demasiados problemas por esas cosas y si te centras en ellas, tu relación no te ayudará ni te dará ninguna integridad, ningún centro. Yo considero que esa relación así es negativa. La relación positiva afrontará problemas auténticos. Por ejemplo, si estás enfadado o triste, también lo estarás delante de tu mujer, no fingirás una sonrisa. Por el contrario, dirás: “Estoy triste”. Hay que afrontarlo. Si mientras caminas por la calle con tu mujer, ves pasar a una mujer guapa y sientes un gran deseo y una gran ansiedad en tu corazón, le dirás a tu mujer que esa mujer ha despertado un gran deseo en ti, que ha removido tu corazón.

No evitarás mirarla. No volverás la vista y harás como que no has visto a esa mujer. Aunque disimules, ¡tu mujer ya se ha dado cuenta! Para ella es imposible no darse cuenta porque inmediatamente tu energía, tu presencia, han cambiado. Esos son verdaderos problemas. Casarse con una mujer no significa que ya no estés interesado en ninguna otra mujer. Es más, el día que ya no estés interesado en ninguna otra mujer, tampoco estarás interesado en tu esposa. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tiene tu esposa de especial? Si ya no estás interesado en ninguna mujer, tampoco estarás interesado en tu esposa. Estás enamorado de ella porque todavía estás enamorado de las mujeres. Tu esposa es una mujer.

Y a veces conoces a alguna otra mujer que te cautiva. Se lo dirás y afrontarás el torbellino que cause. No es una tontería, ya que será algo que producirá celos, provocará una pelea, te arrebatará la paz y no podrás dormir por la noche. ¡Tu esposa te estará dando almohadazos! Ser sincero crea problemas reales. Ser auténtico crea problemas reales. Di lo que corresponda en cada ocasión. No pongas objeciones, no mires hacia otro lado. Mira de frente y sé sincero, y ayuda a tu pareja a ser sincera. Sí, en la auténtica intimidad hay problemas, más problemas que en un estado negativo.

Si tienes verdadera intimidad con tu pareja, ¿por qué evitar que te interese otra persona? Tienes que decírselo. Eso forma parte del amor, parte de la intimidad. Te expones totalmente, no te reservas nada. Incluso, si sueñas con la otra persona por la noche, por la mañana puedes compartirlo con tu pareja. Una vez me contaron que una noche un director de cine empezó a hablar en sueños con su amante. Le estaba diciendo cosas muy bonitas, y su mujer se despertó. Se quedó mirando a su marido y escuchando atentamente todo lo que decía.

Cuando estás casado, tienes miedo de tu mujer hasta en sueños, por lo que, de repente, él se despertó y se asustó. ¿Qué estaba diciendo? Presintió que su mujer le estaba mirando y con mucha sangre fría, sin abrir los ojos para que no se diera cuenta de que estaba despierto, dijo: “¡Corten! Siguiente escena”. ¡Como si estuviera dirigiendo una película! Si realmente amas a tu mujer, por la mañana le contarás tu sueño, le dirás que por la noche, en sueños, hiciste el amor con otra mujer. Tienes que compartirlo todo. Tienes que compartir todo tu corazón.

La intimidad significa que no hay privacidad. Ahora no tienes nada privado; al menos con la persona con la que tienes intimidad, desaparece la privacidad. Estás desnudo, despojado; bueno, malo, seas lo que seas, abres tu corazón. Y a pesar del coste que tenga, a pesar de los problemas que debas superar por ello, será algo que te hará crecer.

Además, también ayudas a que la otra persona abandone todas las inhibiciones, los antifaces, las máscaras. En una relación íntima, uno consigue ver el verdadero rostro de la otra persona y llega a mostrar su verdadero rostro: Si una relación te ayuda a encontrar tu verdadero rostro entonces es meditativa, es espiritual. Si tu relación simplemente hace que crees cada vez más máscaras e hipocresías, no es religiosa.

Intenta entender esta definición. Si comprendes realmente esta definición, verás que, de cien matrimonios, noventa y nueve no son religiosos, porque lo único que hacen es crear más falsedad. La falsedad comienza desde el principio. Me contaron la siguiente anécdota: El sacerdote, tras dirigir una mirada inquisitiva a la pareja de novios que estaba ante él y a todos los congregados en la ceremonia, dijo:
  • Si alguien conoce algún motivo por el que estas dos personas no deban unirse en santo matrimonio, que hable ahora o que calle para siempre. Entonces se oyó una voz clara y rotunda que decía:
  • Yo tengo algo que decir.
  • Tú cállate le amonestó. Tú eres el novio.
¡Ya desde el principio! Ni siquiera se habían casado todavía. Así es como empieza la vida de un matrimonio. La gente se queda callada. No dicen nada. No cuentan la verdad. Sueltan mentiras. Sonríen cuando no quieren sonreír, besan cuando no quieren besar. Evidentemente, cuando besas y no quieres hacerlo, el beso es venenoso. Evidentemente, cuando no quieres sonreír y sonríes, tu sonrisa es falsa, es diplomática. Sin embargo, en cierto modo te acostumbras a estas cosas; uno se conforma con la falsedad, con la falta de autenticidad de la vida. Y uno se consuela a sí mismo de mil maneras.

Nosotros somos muy felices insistía el marido. Por supuesto, de vez en cuando ella me lanza algún que otro plato. Pero eso no cambia la situación en absoluto, ¡porque si acierta, ella está feliz, y si no acierta, soy yo quien está feliz! Poco a poco uno llega a ese tipo de acuerdos; ambos están felices. Una pareja de ancianos iba en un coche, cuando de repente el coche se desvió y cayó por un precipicio. Fue un accidente terrible.
  • ¿Dónde estoy? balbuceó el marido cuando abrió los ojos. ¿En el cielo?
  • No contestó la mujer, aturdida, todavía estoy a tu lado.
Estos acuerdos son terribles. Aquello que denominas relación no es más que un juego de falsedad y de hipocresía. Así que recuerda: si estás creciendo y te estás convirtiendo en un individuo, si la vida es más intensa, si te estás volviendo más abierto, si ves más belleza en la existencia, si está surgiendo más poesía en tu corazón, si fluye más amor a través de ti, más compasión, si te estás volviendo más consciente, quiere decir que la relación es buena. Sigue con ella. En ese caso no es un matrimonio. Es intimidad.

Pero si ocurre lo contrario: si está desapareciendo toda la poesía y la vida se está volviendo prosaica; si está desapareciendo todo el amor y la vida se está convirtiendo en una carga, en un peso muerto; si está desapareciendo toda la melodía y estás viviendo como si fuera un deber, es mejor que escapes de esa prisión; es mejor para ti y mejor para la persona con la que estás viviendo. Estoy hecha un lío. Tú no haces más que decirme, de un modo u otro, que estoy completamente chiflada por seguir con mi novio, pero a pesar de ello hay algo muy fuerte en mí que quiere permanecer en esta relación. Si me ayuda a ser realmente y sinceramente yo misma, no entiendo por qué debería estar sola.

Me dolería mucho pensar que esta relación se estuviera interponiendo en ello. ¿Qué es lo que todavía no entiendo? La cuestión no es qué es lo que no estás entendiendo, sino que hay demasiadas cosas que estás interpretando a tu manera, y que no tienen nada que ver con lo que yo he dicho. Así que permíteme que te diga muy claramente que yo no estoy en contra de ninguna relación; ¡y mucho menos de la tuya con tu novio, que encajáis tan bien! Él está chalado y tú estás chiflada; yo jamás me opondría a esa relación. De lo contrario el chalado molestará a otra persona y la chiflada fastidiará a otra persona, por lo que habrá otras dos personas más con problemas.

Por pura compasión quiero que estéis juntos, que os aferréis el uno al otro, pase lo que pase. ¿Qué más puede ocurrir? Él se ha vuelto chalado; más allá de eso, el camino se acaba. Tú estás chiflada. Salid juntos, ¡os hacéis compañía mutuamente! Sí, os peleáis pero también hay momentos en los que os amáis. Tú estás muy apegada a él, y él está apegado a ti. Siempre que un loco se enamora de otro, por muy infernal que sea la relación, permanecen juntos. Para ellos, ese infierno es su cielo. Yo no estoy en contra de vuestra relación.

Lo que estoy diciendo es que tu novio debería dejar de estar chalado y convertirse en un ser humano, y que tú deberías dejar de estar chiflada y convertirte en un ser humano; relacionaros como seres humanos, amaros como seres humanos. Yo soy la última persona que me entremetería en la relación de otra persona. Si me meto con vosotros, lo hago únicamente para llevaros a un punto más elevado, para conducir vuestro amor a un lugar más interesante. Lo has entendido al revés, pero es comprensible.

Estaba esperando que me hicieras esta pregunta. Podría haberla escrito yo mismo, porque intuía lo que iba a pasar por estas dos mentes extrañas. Y fuiste tú misma la que me dijiste que durante las semanas en las que tu novio estuvo en Goa, te sentiste muy contenta y tranquila. Cuando él te dijo que volvería al cabo de una semana, a pesar de que todavía faltaban unos días, volviste a entrenarte. Tenías que estar preparada para recibirlo, así que empezaste a ser infeliz. Durante esos siete días, mientras estabas esperando que volviera, perdiste de nuevo toda la alegría, toda la paz. Ahora que está aquí, habéis vuelto a las andadas, y eso es destructivo para ambos.

No quiero separaros, pero me gustaría que te olvidaras de todas esas ideas de estar chiflada o estar chalado. Son ideas peligrosas, y si las mantienes durante demasiado tiempo, empiezan a convertirse en realidad. Creas la realidad a tu alrededor con tus ideas; es una proyección. Limitaos a renunciar a vuestro pasado como si fuerais extraños. Dile a tu novio: “Hola”, y no repitas en tu mente: “Es ese chalado”. Evita hacerlo. Los chalados no son malas personas, pero están chalados. Encajáis muy bien, pero debéis hacerlo de forma dichosa. Tendría que ser una gran bendición; deberíais ayudaros mutuamente en vuestro crecimiento.

Deberíais dejar de pelearos. Tú tienes un buen corazón, y él también. Conozco a muchos locos que en su interior son buenos. Abandonad todas vuestras protecciones, vuestras personalidades, y no choquéis entre vosotros. Yo no estoy en contra de vuestra relación, pero la finalidad de una relación no es estar chocando entre vosotros. Luchar no es amar. De vez en cuando sois cariñosos, pero solo para poder seguir peleándoos. No hace ninguna falta que os peleéis. Y cuando sintáis que tenéis demasiada energía podéis practicar la Meditación Dinámica. ¿Por qué creéis que he inventado esas meditaciones para todo tipo de chalados?

¡Para que puedan disfrutar durante una hora estando locos, pero con la ilusión de que están haciendo meditación espiritual! Se trata simplemente de una forma de liberar la locura sin hacerlo sobre otra persona, para que con los demás puedan tener una relación, más tranquila, pacífica y amorosa. Yo no estoy en contra del amor, pero si el amor crea un infierno, no os aconsejaría que vivierais en esa infelicidad. Es mejor para vosotros; si no sois capaces de crear un espacio maravilloso entre ambos, puede que no estéis hechos el uno para el otro. Intentadlo y sed conscientes de que si siempre estáis de mal humor, con aspecto triste, os aconsejaré que os separéis.

Tú simplemente estás loca. El está un paso más allá: está reloco (él me entiende). No hace falta que perdáis la esperanza. Intentadlo, pero esta vez aseguraos de que vuestra vida se vuelva pacífica y dichosa y si no, separaos en paz y con alegría. En el mundo todos somos extraños. De repente, nos encontramos en el camino por casualidad. Esto es bueno si nos ayuda a ser más auténticos, más sinceros, más cariñosos, más meditativos, a estar más alertas, más conscientes. Entonces nuestra relación de amor es un fenómeno espiritual.

Pero si lo único que hacemos es destruirnos el uno al otro, ni siquiera es amistad; es pura enemistad. Así que tenéis que tomar una decisión. Sentaos juntos al aire libre, no en vuestra habitación, porque allí empezaréis a pelearos. Sentaos al aire libre, en un lugar donde pase gente, donde no podáis pelearos. Mantened una conversación distendida. Los amantes siempre se olvidan de cómo tener una conversación distendida; empiezan todos a hablar marathi.

¿Has oído alguna vez el marathi? Me resulta difícil creer que se pueda querer a alguien hablando en marathi; suena siempre como si estuvieras peleándote. Ocurre justo lo contrario con otra lengua india: el bengalí; no puedes pelearte en bengalí. Aunque te estés peleando, suena como si estuvieras teniendo una conversación maravillosa. Mantened una conversación extensa y decisiva, y seguid una regla muy sencilla: estamos juntos para ayudamos el uno al otro, no para destruirnos el uno al otro; para crearnos el uno al otro, no para matarnos el uno al otro.

Entonces todo será perfecto. Por separado, no hay nada de malo en ti, ni nada de malo en el. Pero cuando os juntáis, ambos os convertís en guerreros. Cuando digo que vuestro amor debería consistir en dejar que las cosas fluyan, en no hacer, en ser libres, lo que quiero decir es que no debería ser forzado. No debería ser algo que dependiera de la ley, de las convenciones sociales. Quiero decir que la única atadura entre dos amantes es el amor, y nada más. Puede que ese amor dure mucho o que dure poco. Puede que ese amor dure toda la vida o que se acabe mañana. Eso es lo que quiero decir con dejar que fluya.

Hay personas que quieren practicar el libertinaje. Para mí, dejar que las cosas fluyan no significa eso. Yo no estoy diciendo que deberías estar cambiando de pareja todos los días. Eso también sería forzado. Eso sería pasar del extremo del matrimonio, en el que no puedes cambiar de pareja, al otro extremo, en el que tienes que cambiar de pareja. Lo que digo es que permitáis que haya libertad. Si queréis estar juntos, muy bien. Y si un día queréis separaros, hacedlo con amor, agradeciéndoos el uno al otro los momentos maravillosos que os habéis proporcionado.

La separación debería ser tan bella como vuestro encuentro. Debería ser incluso más bella porque habéis vivido mucho tiempo juntos, habéis arraigado el uno en el otro a pesar de que ahora hayáis decidido dejaros. Pero conservaréis vuestros recuerdos. Os habéis amado; da igual que ahora sintáis que os resulta difícil estar juntos; hubo un tiempo en el que queríais permanecer juntos toda la vida. Así que separaos sin ningún conflicto, sin pelearos. Fuisteis dos extraños que se conocieron, y ahora estáis volviendo a ser extraños pero con un gran tesoro que se creó entre vosotros. Al separaros, tenéis que sentiros agradecidos el uno con el otro.

No obstante, si sigue habiendo amor, no pretendo que rompáis la relación. He dicho que no tenéis que hacer nada contra ella. Si dura toda la vida, hasta que estéis en la tumba, también está muy bien. Y si solo dura una noche y a la mañana siguiente sentís que no sois uno para el otro, pero, a pesar de ello, habéis pasado una noche maravillosa juntos, tenéis que estar agradecidos. Hay muchas personas que me han malinterpretado. Piensan que estoy diciendo a la gente: “Cambia de pareja lo más rápido y lo más frecuentemente que podáis”. Pero yo no estoy diciendo eso.

Lo único que aconsejo es que permanezcáis juntos mientras lo que os una sea el amor. En cuanto empecéis a sentir que hay algo que se ha convertido en pasado, que ya no es presente... podéis seguir arrastrándoos, pero os estaréis engañando el uno al otro. Es horrible engañar al hombre al que has amado; es horrible engañar a la mujer a la que has amado. Es mejor ser honestos y reconocer: “Ha llegado el momento de separarnos porque ha desaparecido el amor y no somos capaces de retenerlo”.

Hay cosas que vienen y van por sí solas. Cuando te enamoras de alguien, no fuiste tú, tú no lo decidiste. Fué algo que ocurrió de repente; no podías encontrar una razón por la que ocurrió. Lo único que puedes decir es: “Me descubrí enamorado”. Recuerda vuestro primer encuentro, y recuerda también como llegó el amor; pero del mismo modo, el amor se va. Un día, de repente, te levantas por la mañana sintiendo que el amor se ha ido. Tu marido está ahí, tú estás ahí, pero había entre vosotros un puente, un flujo constante de energía que ha desaparecido. Sois dos, pero tú estás solo y la otra persona está sola.

Ese “juntos” ya no está ahí, y el misterio que os mantenía unidos no está en tus manos. No puedes forzarlo a que vuelva. Hay millones de parejas que están haciendo eso, esperando que vuelva, esperando que rezar ayude, que ir a la iglesia ayude, que recibir la bendición de alguien ayude, que algún terapeuta de pareja ayude; pero no hay nada que vaya a ayudarte. Incluso aunque pudieras retener a ese hombre, descubrirías que ya no es el mismo, y él descubriría que tú ya no eres la misma. Es mejor volver a ser extraños. ¿Qué tiene de malo? Antes, cuando erais extraños no había nada de malo.

Cuando no conocías a esa mujer, cuando no conocías a ese hombre, todo iba bien. Ahora, ha vuelto a ocurrir; sois nuevamente extraños. ¡No es nada nuevo! Deberíais haber sido conscientes desde el principio de que ocurrió algo misterioso. No fue algo que tú hicieras. Evidentemente, puede desaparecer en cualquier momento y tú no puedes retenerlo. Todo depende del amor. Si dura mucho tiempo, bien. Si solo dura unos instantes, también está bien, porque el amor está bien. Da igual su duración. En solo unos minutos puedes vivir una intensidad amorosa mayor que la que has experimentado en años.

Y esa intensidad te proporcionará algo de lo desconocido, que muchos años acabarían disolviendo. Así que la duración es irrelevante; en lo único que hay que pensar es en la profundidad. Cuando estés enamorado, sumérgete totalmente en el amor. Y cuando haya desaparecido el amor, dile adiós, termina totalmente con él. No dejes que esa idea siga rondando tu mente. Hay muchos desconocidos disponibles en el mundo. ¿Quién sabe? El amor te ha abandonado simplemente para que puedas encontrar a otra pareja mejor.

Los caminos de la vida son extraños. Confía en la vida. Puede que encuentres a alguien que resulte ser un gran amor, y entonces te darás cuenta de que el amor anterior no era nada comparado con este. Pero recuerda: puede que llegue un día en el que también desaparezca este gran amor. Confía en la vida que te ha estado dando continuamente regalos sin que tú los pidieras. Sigue estando disponible. El mundo está lleno de gente maravillosa; no hay ninguna escasez. Y cada individuo tiene algo único que nadie más tiene. Cada individuo da a su amor un color, una poesía, una música propios, que nadie más puede dar.

Confía en la vida; esta es mi idea fundamental: confiar en la vida porque nacemos de la vida, somos hijos de la vida. Confía en ella. La vida nunca ha destruido a nadie. Puede que hayas hecho el primer curso y que ahora hayas pasado al segundo, a un curso superior, a un amor más delicado, a un fenómeno más complejo, ¿quién sabe? Limítate a tener el corazón abierto; la vida nunca defrauda a nadie.
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Acerca de Elmer Escobedo

Sólo un ciego puede definir fácilmente qué es la luz. Cuando no sabes, eres atrevido. La ignorancia siempre es atrevida; el conocimiento duda. Y cuanto más sabes, más sientes que se disuelve el suelo bajo tus pies.

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