La Disolución en lo Cósmico

La Disolución en lo Cósmico

En el vacío, ¿subsiste la individualidad?
¿Por qué dos Maestros Iluminados nunca se encuentran?
¿Cómo puede uno escuchar con todo su ser?
¿Cómo se reconoce el auténtico sonido cósmico AUM?

Primera Pregunta:

Osho, dijiste la última noche que, aquellos que se han vuelto un vacío, como valles, no reaccionan sino que responden, y que las respuestas de esos distintos Iluminados serán distintas.  Que el valle resonará de su propio y único modo. Una pregunta surge ahora: si esos que se vuelven puro vacío, nada, conservan todavía una personalidad e individualidad.  Si fuera así, explica por favor como es eso posible.

Esa es una de las paradojas de la vida espiritual: cuanto más se disuelve uno en lo Divino, más único se vuelve.  La disolución no es de la individualidad, sino del yo. La disolución no es de lo singular sino del ego.  Cuánto más tienes  un ego, tanto más te asemejas a los demás, porque todo el mundo es un egoísta.

El ego es la cosa más común del mundo.  Todo el mundo es un egoísta; incluso un recién nacido es un egoísta, un perfecto egoísta.  Por eso no es un mérito de nadie, no es extraordinario.  En realidad, puede decirse que ser ordinario es la cosa más extraordinaria, porque nadie se siente gente corriente.  Por eso sentirse extraordinario es la cosa más ordinaria que existe.  ¡Todo el mundo se siente así!  Por eso el ego no es algo singular.

Si tú tienes un ego, no es nada particular.  La ausencia de ego es verdaderamente la cosa más singular que existe, lo más raro, lo menos frecuente.

Ocurre sólo a veces. Pasan los siglos y en muy escasas ocasiones sucede que alguien llega a carecer de ego: un Buda, un Jesús.  Pero cuando decimos que alguien se vuelve carente de ego, no implica que no sea.  Al contrario, por primera vez, es; enraizado verdaderamente en su Ser.  Deja de ser un ego.

Por eso, considéralo desde una óptica diferente: el ego es un fenómeno falso, es sólo una apariencia, no una realidad.  No es algo arraigado en el Ser; es sólo un sueño, una idea, una quimera mental. Por eso cuanto más pertenezcas al ego, menos pertenecerás a la Existencia.  Cuanto más concentrado estés en tu ego, menos auténtico serás.  Te vuelves falso, una mentira existencia.

Cuando hablamos de volverse un vacío, una nada, como un valle, queremos decir que no hay ego, pero tú eres.  Déjame expresarlo de esta forma: yo digo “yo soy”, pero cuando el ego se disuelve sólo queda la pura cualidad de “ser”.  El “yo” ya no está ahí, sólo existe “ser”, y por primera vez, puro, incontaminado, total.  El ego lo contamina.

La palabra “personalidad” y la palabra “individualidad” no han de confundirse.  Son totalmente distintas. No expresan nada parecido: son radicalmente distintas.  La personalidad pertenece al ego, la individualidad al Ser.  La personalidad es tan sólo una fachada.  El ego es el centro y la personalidad la circunferencia.  No tiene que ver para nada con la individualidad.

Esta palabra, “personalidad”, es realmente reveladora.  Deriva del griego “persona”.  “Persona” significa máscara.  En el teatro griego, los personajes, los actores, usaban máscaras para esconder sus rostros de forma que la cara real permanecía oculta y la máscara-rostro se convertía en la realidad.  “Personalidad” significa máscara: lo que no eres, pero que aparentas ser.

Por eso ofrecemos muchas caras.  En realidad, nadie tiene una sola personalidad, ¿Mmm?, tenemos múltiples personalidades.  Todos tenemos que estar cambiando de cara todo el día.  No puedes permanecer con un solo rostro. Resulta muy difícil porque cada vez que te encuentras con alguien debes de cambiar de cara.  Delante de tu sirviente no puedes ofrecer el mismo rostro que ante tu amo.  Delante de tu esposa no puedes tener la misma cara que delante de tu amada.  Por eso, continuamente, utilizamos un sistema flexible de cambio de caras.

Durante todo el día, durante toda la vida, cambiamos de cara.  Puedes darte cuenta de esto.  Puedes percibir cuándo cambias de cara, por qué cambias de cara y cuántas caras tienes.  Por eso, realmente personalidad quiere decir un sistema flexible de caras, y cuando te refieres a alguien como que tiene una gran personalidad, únicamente quiere decir que tiene un sistema más flexible.  No es un hombre inamovible: posee un sistema más flexible.  Puede cambiar fácilmente.  Es un gran actor.

Esto es la personalidad: tienes que estar construyéndola a cada instante.  Y así nadie puede estar a gusto con su personalidad.  Es un constante esfuerzo.  Por tanto, si estás cansado, tu personalidad perderá brillo.  Por la mañana tu personalidad tiene cierto brillo, por la noche ha desaparecido.  Todo el día usándola; es un constante cambio.  Por eso cuando uso la palabra “personalidad”, quiero decir una falsa apariencia que has creado a tu alrededor.

La individualidad es algo más.  Individualidad no implica algo construido y creado por ti, sino por la verdadera naturaleza de tu ser.  Otra vez, la palabra “individualidad” es muy reveladora.  Significa todo lo que no puede ser dividido, lo que es indivisible.  Poseemos una naturaleza intrínseca e inherente que no puede ser dividida, que es indivisible.  Carl Gustav Jung prefiere utilizar la palabra “individualización” (*) en referencia a uno de los fenómenos más trascendentes. 

(*)N. del T.       En inglés en el original, “individuation”.

Dice que la individualización es el camino hacia la Verdad, hacia lo Divino.  Individualización: ser un individuo.

La palabra hindú “yoga” significa lo mismo que individualización.  El término “yoga” significa reunir de nuevo lo que se ha vuelto divisible, re-unir lo que se ha dividido, recuperar lo indivisible.  Al traducir “yoga” al español (**) sería traducirlo como “camino hacia la individualización”  Esta individualidad permanece, y se vuelve más penetrante, más aguda.  En el instante en que pierdes el ego, en el instante en que descartas tus personalidades, te vuelves individual.

Esta individualidad es un fenómeno especial.  Es irrepetible.  Un Buda no puede ser repetido, un Gautama Sidarta puede ser repetido; un Jesús puede ser repetido, pero no Jesucristo.  Jesús significa la personalidad; Jesucristo significa, la individualidad.  Gautama Siddharta es común, puede ser emulado.  Cualquiera puede ser u Gautama Sidarta.  Pero en el instante en que Gautama Sidarta se Ilumina y se convierte en un Buda, el fenómeno es irrepetible.  ¡Es único!  Nunca fue antes ni nunca volverá a ser.  Esta cualidad de ser un Buda, esta cima de realización, es tan singular que no puede ser repetida.

Por eso cuando digo: sé cómo un valle, y cuando digo que cada valle resonará de modo distinto, quiero decir que cada valle tiene su propia individualidad.  Buda tiene la suya, Jesús la suya, Krishna la suya.  Así que, realmente, es bueno que lo comprendas.

¿Por qué Krishna, Cristo y Buda difieren tanto?  ¡Son distintos!  Difieren tanto como es posible, pero aún son, en profundidad uno.  Por lo que a la individualización implica, son uno; en lo concerniente a sus individualidades son distintos. Han alcanzado lo Indiviso.  Han conocido lo Indiviso, la unidad básica de la Existencia.  Pero esta unidad básica y su realización no implica que ahora no sean únicos.  Ahora son realmente únicos.  Por eso es por lo que digo que es una de las paradojas.

Dos personas comunes pueden ser distintas, pero su diferenciación nunca será absoluta, total.  ¡Nunca!  Incluso en su disimilitud poseen semblanzas.  En realidad, su diferencia sólo es gradual.  Aunque supongan lo contrario uno de otro, su diferencia sólo es cuantitativa.  Una persona que es comunista y una que es anticomunista sólo se diferencian cuantitativamente.  La persona que es anticomunista es todavía comunista sólo que en un menor grado.  Una persona que es comunista es todavía un capitalista, pero en menor grado.  La diferencia siempre es de grados.  Y pueden cambiar; pueden cambiar de bando muy fácilmente, no hay problema.  En general, cambian.  La diferencia tan sólo es como la que hay entre el frío y el calor: de grados.  Pero un Buda y un Krishna, un Cristo y un Mahoma, un Lao Tse y un Mahavira… su diferencia no es de grados.  Ellos nunca se encuentran. Y ésta es la paradoja: han alcanzado la Unidad, y aun así no son iguales.  La diferencia no es de grados.  La diferencia estriba en su singularidad.

¿Qué quiero decir con singularidad?

Podemos concebir la unidad muy fácilmente.  Una gota de agua cae en el océano y se vuelve uno con él, pero esta unidad está yerta; es una unidad muerta.  La gota ha desaparecido para siempre; ya no está en ninguna parte.  Un Buda no desaparece así.  Su desaparición se hace de forma distinta.  Si colocas una llama ante el Sol, la llama se vuelve una con el Sol, pero no pierde su individualidad.  Permanece como ella misma.  Si encendemos cincuenta llamas en esta habitación crearán una sola luz, pero cada llama será única en sí misma.  Por eso la disolución en lo Cósmico no es una simple disolución.  Es muy compleja. La complejidad es esta: el que se disuelve, permanece. Antes bien, al contrario, por primera vez, “es”.

Esta individualidad resuena de modo diferente, y esa es su belleza.  ¡Es hermoso!  De otra forma sería desagradable.  Tan sólo considera: si Buda hubiese resonado del mismo modo que Jesús, el mundo sería más pobre, muy pobre.  Un Buda responde según su propio estilo; un Jesús lo hace en el suyo propio.  Por ello,    

(**) N. del T. En inglés figura, “al traducir…al inglés”.

El mundo es aún más rico y de ahí su belleza.  El mundo es más libre y tú puedes ser tú mismo. Pero uno debe recordar esta distinción: cuando digo que puedes ser tú mismo, no me refiero a tu ego.  Cuando digo que puedes ser tú mismo, me refiero a tu naturaleza, tu Tao, tu Existencia.  Pero ella tiene una individualidad.  Esa individualidad no es una personalidad.  Por eso digo que pertenece a la misma Existencia, aunque individualmente.  Resuenan desde la misma hondura, pero individualmente.  No hay ningún ego presente; tan sólo la singularidad permanece.  
    
Este mundo no es tan sólo una unidad incolora; no es monótono, es multicolor, es multitonal.  Puedes crear música con una sola nota, pero resultará aburrida y monótona.  No puede percibirse como vital, no puede ser bella.  Mediante la utilización de distintas notas se logra una armonía más compleja y más sutil.  Es multitonal.  Hay una armonía de fondo, pero no resulta monótona.  Y cada nota posee su propia individualidad.  Contribuye a la armonía total, y contribuye tan sólo porque posee su propia individualidad.

Un Buda contribuye porque es un Buda, y Jesús contribuye tan sólo porque es Jesús.  Aporta una nueva nota, una nueva vibración.  Con él nace una nueva armonía.  Pero esto es posible únicamente porque él posee una individualidad.  Y esto no es aplicable sólo a cosas profundas,  Incluso en las cosas más triviales y sencillas, Buda y Jesús difieren.  Un Buda camina según su modo propio, nadie puede caminar como él.  Un Jesús mira como sólo él puede hacerlo, nadie puede mirar así.   Sus ojos, sus gestos, sus mismas palabras, son únicas.  Los otros no pueden tan siquiera concebirlas… Este mundo es una armonía de notas singulares, y la música es más rica por ello: cada valle resonando según su propio estilo.

Todos esos “buenos consejeros” que intentan imponer una unidad muerta, que intentan borrar todo rastro de individualidad de uno, que dicen que el Corán significa lo mismo que el Gita, que dicen que Buda enseña lo mismo que Mahavira, no se dan cuenta en verdad de las tonterías que están diciendo.  Y si pudieran resultar vencedores, el mundo se convertiría en un mundo pobre.  ¿Cómo puede el Corán expresar lo mismo que el Gita?  ¿Y cómo puede decir el Gita lo mismo que el Corán?  El Corán tiene su propia individualidad, ningún Gita puede decir eso, ningún Corán puede copiar el Gita, porque Krishna tiene su propia aura; Mahoma, la suya propia.  Nunca se encuentran y aun así, sostengo que se mantienen sobre la misma base.  Nunca se encuentran, y de ahí su belleza.  Y nunca se encontrarán.  Son como dos líneas paralelas hacia el infinito.

Nunca se encontrarán.  Esto es lo que quiero expresar cuando digo singularidad: son como cumbres.  Cuanto más alto asciende un pico, menor es la posibilidad de conectar con otro.  Puedes conectar cuando estás en la base; todo está conectado, pero cuanto más alto subes, cuanto más semejante a un pico te vuelves, menor es la posibilidad de cualquier contacto.  Por eso son como cumbres de los Himalayas, sin encontrarse nunca.  Y si intentas imponer una falsa unidad sobre ellos, sólo lograrás destruir los picos.

Son diferentes, pero sus diferencias no suponen confrontación, sus diferencias no suponen necesariamente un conflicto.  El conflicto surge cuando no estás dispuesto a aceptar las diferencias.  Entonces te poner a buscar similaridades.  O encontramos similitudes o nos enemistamos.  O bien dicen lo mismo, o nos enemistamos.  Solamente tenemos dos alternativas, y ambas equivocadas.  Ambas pertenecen a una misma actitud.  ¿Por qué no pueden ser ellos distintos?  Totalmente distintos, sin encontrarse nunca.  ¿Cuál es la necesidad de disputar?  En realidad, notas distintas originan bellas armonías.  Y así surge una conexión más profunda, no una conexión entre las mismas notas sino en lo que las notas crean.  En la armonía surge el encuentro.

Pero uno debe de comenzar a percibir dicha armonía.  Si uno sólo es capaz de reconocer la nota discordante –un Mahoma, un Jesús, un Buda, son sólo notas– no se percibe armonía alguna.  Y el universo es una armonía.  Si eres capaz de empezar a percibir las discontinuidades y la unidad subyacente y las elevadas cumbres que nunca se encuentran, y si eres capaz de ver este conjunto en una totalidad, en una unidad comprensiva, entonces aceptas ambos: la individualidad y la armonía común.  Entonces deja de haber problema.  ¡No existe!

Segunda Pregunta.

¿Puede esto explicar también el por qué Mahavira y Buda, que eran contemporáneos, nunca se encontraron, nunca se cruzaron físicamente?

¡No podían encontrarse!  ¡Ni incluso físicamente!  Se aproximaron a un encuentro en multitud de ocasiones.  Una vez se alojaron en el mismo sarai, en la misma posada, en un extremo Mahavira y en el otro Buda.  Pero no hubo encuentro.  Atravesaron los mismos pueblos.  Toda su vida se la pasaron en Bihar, una región muy pequeña.  Visitaron los mismos pueblos, se quedaron en los mismos pueblos, hablaron a los mismos auditorios.  Sus segadores iban y venían de Mahavira a Buda y de Buda a Mahavira.  Hubo mucha controversia; se habló mucho de ello, pero nunca se encontraron.

¡No podían encontrarse!  Sus mismas esencias eran tales cumbres que no había posibilidad de encuentro.  El encuentro se había vuelto intrínsecamente imposible.  Incluso sentados uno junto al otro, no había posibilidad de encuentro.  Incluso si ante nosotros aparecieran juntos y abrazándose, nunca se encontrarían.  Su encuentro es algo imposible.  Son tan singulares, tan semejantes a cumbres, que el encuentro en lo interior es imposible. ¿Y cuál es entonces el sentido de un encuentro exterior?  ¡Es inútil; no tiene sentido!

Esto nos parece inconcebible.  Pensamos que dos buenas personas deberían conectar.  Para nosotros, la actitud de mantenerse a distancia es algo malo.  Pero en realidad, no hay una actitud de alejamiento, ¡hay una imposibilidad de encuentro!  No es que a Buda no le apeteciera encontrarse con Mahavira.  No es que Mahavira fuera reticente.  No, simplemente es imposible; no puede ocurrir.  No hay una actitud en ello.  En verdad es algo milagroso.  Durmieron en el mismo pueblo, se alojaron en el mismo sarai, pero nunca, ni en la literatura budista ni en las escrituras jainas, aparece referencia alguna de alguien que sugiriera su encuentro.  Ni una sola referencia.  No aparece ni siquiera una indicación relativa a que lo mejor hubiera sido que se hubiesen encontrado.  Es algo milagroso, sorprendente.  Ninguno negó al otro.  Ni Buda a Mahavira dijeron: “No me reuniré contigo”.  ¿Por qué no se reunieron?  ¡Era una absoluta imposibilidad!  ¡No era posible!

Para nosotros que permanecemos a ras del suelo nos parece algo extraño, pero si estuvieses en la cumbre no te lo parecería.  ¿Por qué no pides a una cumbre de los Himalayas que se reúna con otra?  Están tan cerca, ¡tan cerca!  ¿Por qué no pueden encontrarse?  Su mismo ser, su misma condición de cumbre, crea la imposibilidad.  No pueden, nunca podrán.  La puerta está cerrada.  Y aún así sostengo que son uno; por muy distinto que pueda ser un pico de otro, en sus raíces son uno.  Puede que pertenezcan a la misma parte de la Tierra, pero únicamente en sus raíces son uno.

Hay otro punto que considerar: debido a que son uno en sus raíces, no tienen necesidad alguna de encontrarse.  Sólo aquellos que no son uno en la base tratan de encontrarse, porque saben que, verdaderamente, no hay encuentro.

Mucha gente me ha preguntado que por qué no he probado de sintetizar todas las religiones.  Gandhi lo intentó, muchos otros, incluyendo a los teósofos, lo intentaron.  Han probado de sintetizar todas las religiones.  Te digo que si lo intentas demuestras que sabes que no hay síntesis.  El esfuerzo demuestra que percibes que, de alguna forma, las religiones están divididas.  Yo no siento esto en absoluto.  En su raíz son una, en las cimas se hallan divididas y deben estar divididas.  Cada pico posee su propia belleza.  ¿Por qué destruirla?  ¿Por qué crear algo falso que no está allí?  Un pico debe ser un pico, un individuo.  En la tierra son uno.

Por eso el Corán debe de permanecer puro Corán.  No se debe imponer nada. De infiltrar nada del Gita, del Ramayana o de cualquier otra procedencia.  Sin interpolaciones, sin mezclas.  El Corán debe seguir e su pureza como Corán.  Es un pico, un bello pico.  ¿Por qué destruirlo?  Esto es posible si eres consciente de una unidad más profunda a nivel del suelo, en las raíces.

Las religiones son una en su raíz, pero nunca en su expresión, y no debería ser así.  Por eso, a medida que el mundo progresa, a medida que la consciencia humana se vuelve más consciente, más integrada, surgirán nuevas religiones.  No habrá menos, si no más.  En último término, si cada ser humano se vuelve un pico, habrá tantas religiones como seres humanos.  ¿Por qué debiera uno de seguir a Mahoma si el mismo puede convertirse en una cumbre?  ¿Por qué debería uno de seguir a Krishna si él mismo puede convertirse en un pico?

Esto es una desgracia, el que uno tenga que seguir a otro.  Es sólo un mal necesario.  Si no puedes volverte pico, sólo entonces has de seguir. Pero sigue de tal modo que cuanto antes te vuelvas pico, mejor. Podemos tener un hermoso mundo, un mundo mejor con una mejor Humanidad, siendo todos picos singulares.  Pero esa cumbre se alcanza sólo a través de la individualización, mediante la disolución del ego y de la falsa personalidad, y el permanecer centrado en tu naturaleza, en tu puro ser.  Entonces te vuelves como un valle, y luego resuenas.

Tercera Pregunta 

Osho, ayer explicaste los tres modos de escuchar: primero, el escuchar a través del intelecto; segundo, escuchar a través de la emoción, la simpatía  y el amor; y tercero, mediante la totalidad del ser, mediante la fe.  Considerando las dos primeras clases de escucha, ¿cómo puede uno alcanzar el tercer tipo de escucha, esto es, mediante la totalidad del ser, mediante la fe?  Y ¿están el intelecto y las emociones incluidas e implícitas en el tercer tipo de escucha?

La escucha intelectual significa que cuando estás escuchando, simultáneamente estas argumentando en tu interior.  Tiene lugar un constante debate.  Te digo algo, tú estás escuchando y dentro se desarrolla constantemente un debate: sobre si esto es correcto o no.  Comparas con tus propios conceptos, con tu ideología, con tu sistema.  Así que, constantemente, mientas me escuchas, sopesas si confirmo tus ideas o no, si estoy de acuerdo contigo o no, si lo aceptas o no, si te convenzo o no. 

¿Cómo es posible que se de el escuchar de este modo?  Estás demasiado lleno de ti mismo, por eso es milagroso que dentro de esta constante agitación seas capaz de escuchar algo.  En incluso entonces, sea lo que sea que oyeres no será lo que he dicho.  No puede serlo, porque cuando la mente está llena de sus propias ideas, colorea todo lo que le llega.  Oye, no lo que se le está diciendo sino lo que quiere oír.  Escoge, descarta, interpreta, y sólo entonces algo penetra, pero tiene ya una forma distinta.  Esto es lo que quiero decir con el escuchar desde el intelecto.

Si quieres profundizar en lo que se dice, esta agitación interior ha de cesar.  ¡Debe cesar!  ¡No debe continuar!  De otro modo, tú lo interpretas a tu modo y estás destruyendo a cada momento la posibilidad de que algo te pueda suceder.  Tú puedes perdértelo, y todo el mundo se lo está perdiendo.
Vivimos encerrados en nuestras mentes y llevamos este encapsulamiento dondequiera que vayamos.  Veamos lo que veamos, oigamos lo que oigamos, suceda lo que suceda, nunca es transmitido a la consciencia interior directamente.  La mente permanece como barrera entremedio, siempre confundiendo.

Uno debe darse cuenta de esto.  Es lo primero para poder profundizar.  Esto es lo primero para pasar al segundo estado de escucha: ser conscientes de lo que tu mente te está haciendo.  Se entromete.  Vayas dónde vayas, va antes que tú.  No es como una sombra que te sigue.  Tú te vuelves su sombra.  Se pone en movimiento, y tú la has de seguir.  Va delante de ti y lo colorea todo.  Por eso nunca estás en contacto con la “facticidad” de algo.  La mente crea ficción.

Deberías darte cuenta de este fenómeno, de lo que la mente está haciendo.  Pero no lo haces, porque estamos identificados con la mente, nunca creemos que la mente está haciendo algo.  Cuando digo algo y no encaja totalmente con tus ideas, nunca piensas que sea la mente la que no encaja con lo que digo.  Piensas, “No, no me convence”.  No tienes una distancia entre tú y tu mente.  Estás identificado; ese es el verdadero problema.  Así es como la mente puede engañarte.

Te identificas con la idea o con un proceso menta.  Y es extraño, porque tan sólo dos días antes ese pensamiento no era tuyo.  Lo oíste en algún lado, ahora lo has absorbido y se ha vuelto tuyo.  Y ahora este pensamiento te dirá: “No, esto no es lo correcto porque no encaja conmigo”.  No percibirás la diferencia de que es la mente la que está hablando, de que es la memoria la que está hablando, de que es el mecanismo el que está hablando.  No sentirás que “Debo permanecer distante”.

Incluso si tienes que comparar, si tienes que juzgar, debes permanecer distante, separado de tu memoria, de tu mente, de tu pasado.  Pero hay una identificación sutil: “Mi mente soy yo”.  Por eso digo: “Soy un comunista” o “Soy católico” o “Soy hindú”.  Nunca digo: “Mi mente se ha desarrollado de tal forma que mi mente es hindú”.  Este es el hecho: tú no eres hindú.  ¿Cómo puedes ser tú un hindú?  Sólo la mente lo es.  Si tú fueras hindú no existiría posibilidad alguna de transformación.

La mente puede ser cambiada y tú debes ser capaz de cambiarla.  Si te identificas con ella, pierdes tu libertad.  La mayor libertad es liberarte de tu propia mente.  Lo más grande, lo digo: liberarte de tu propia mente.  Porque es una dependencia sutil, tan profunda que nunca percibes que es una dependencia.  La prisión misma se vuelve tu casa.

Mantente constantemente alerta sabiendo que tu mente no es tu consciencia.  Y cuando más consciente seas, más percibirás que la consciencia es algo totalmente distinto.  Consciencia es la energía; mente es sólo el contenido de ideas. ¡Sé su amo!  No le permitas que se vuelva ella el amo, no le permitas que te dirija en todo.  Haz que te siga, úsala, pero no seas usado por ella.  Es un instrumento, pero nos identificamos con este instrumento.

¿Mmm?  Rompe la identificación.  Recuerda que tú no eres la mente.

Pero en realidad la gente llamada religiosa siempre recuerda: “No somos el cuerpo”.  Nunca recuerdan: “No somos la mente”.  Y el cuerpo no constituye esclavitud alguna.  ¡La mente es la esclavitud!  ¡Tu cuerpo no es la esclavitud en absoluto!  Tu mente lo es.  Y, en verdad, tu cuerpo proviene de la naturaleza, de lo Divino, y tu mente proviene de la sociedad.  Por eso el cuerpo posee una belleza, pro nunca la mente.  La mente siempre es algo feo.  Es una cosa cultivada, un falso montaje.  El cuerpo constituye una dimensión maravillosa.  

Y si puedes desprenderte de la mente, no percibirás conflicto alguno con el cuerpo.  El cuerpo se transforma en una puerta hacia algo más grande, hacia la expansión infinita.  No hay nada desagradable en el cuerpo, ¿Mmm?, es un florecimiento natural.  Pero la gente llamada religiosa está siempre en contra del cuerpo y a favor de la mente.  ¡Y han creado tanto revuelo!  Han creado tanta confusión!  Y han destruido toda sensibilidad, porque el cuerpo es la fuente de toda sensibilidad.  Si decides empezar a ir en contra del cuerpo, te vuelves un insensato.

La mente es sólo una acumulación de conocimiento del pasado, de información, de experiencias.  Es sólo un ordenador.  Estamos identificados con él.  Uno es cristiano, uno es hindú, uno es comunista, uno es católico, uno es esto y lo otro, pero nunca se es uno mismo, siempre identificándote con algo, de alguna manera.  Recuerda esto: mantente alerta y crea una distancia entre tú y tu mente.  Nunca crees distancia entre tú y tu cuerpo.  ¡Crea una distancia entre tú y tu mente!  Te sentirás más vivo, más como un niño, más inocente y más consciente.

Por eso lo primero es crear una distancia, esto es, no identificarse.  Recuerda que no eres la mente y entonces el primer tipo de escucha cambiará hacia el segundo. El segundo es emocional, compasivo, profundamente sentido.  Es una actitud amorosa.  Estás escuchando música u observando una danza; no te acuerdes del intelecto, empiezas a participar; cuando escuchas música, tus manos empiezan a participar, empiezas a volverte parte de ella.  

Este es un modo de escuchar desde el sentimiento; más profundo que el intelecto.  Por eso es porque, siempre que eres capaz de escuchar con tu corazón y sentimientos, te sientes dichoso, te sientes transportado a algún lugar.  No estás en este mundo.  En realidad, estás en este mundo, pero sientes que no estás en este mundo.  ¿Por qué?  Porque no perteneces al mundo del intelecto.  Se abre una dimensión distinta, empiezas a estar activamente en ella.

El intelecto es siempre un observador desde fuera, nunca desde dentro.  Por eso, cuanto más crece lo intelectual en el mundo, más nos volvemos pasivos observadores.  En todo.  No bailarás, verás a otros bailar.  Si esto sigue así como va ahora, día a día, pronto no vas a estar haciendo nada.  Tan sólo observarás a los demás hacer.  Esto se hará posible algún día: no amarás.  Se ha vuelto realidad, ahora.  Observas a los demás como aman.  ¿Qué es lo que estás viendo en una película?  ¡A los otros amándose!  Eres tan sólo un observador.  Un observador pasivo, muerto.  Contemplas cómo juegan los demás.  Observas a los demás como cantan, cómo bailan.

En alguna parte un personaje de Camus dice: “El amar no es para mí.  Mis sirvientes lo harán”.  ¡Amar!  ¡Un hombre realmente rico!  Incluso el amor ha de ser hecho por sus sirvientes.  ¿Por qué debería él de hacerlo?  La lógica es la misma.  Si los sirvientes pueden interpretar la música por ti, si tus sirvientes pueden orar por ti, ¿por qué no amar?  Un sirviente está rindiendo culto en tu lugar en el templo, así qué ¿por qué no amar?  Si un sirviente puede ser empleado entre tú y lo Divino, ¿por qué no entre tú y tu amado o tu amante?  ¿Qué hay de malo en ello?  La lógica es la misma.  Y, verdaderamente, pronto lo que sean ricos dejarán de hacer el amor por sí mismos, porque sus sirvientes pueden hacerlo.  Sólo los pobres tendrán que hacer el amor por sí mismos y se sentirán desgraciados por ello.  Todo puede ser delegado.  Puedes mantenerte sólo como observador, porque el intelecto es básicamente un observador, nunca un participante.  Si creamos un mundo en torno al intelecto, esto es lo que va a ocurrir.

El segundo centro está más implicado.  Empiezas a participar.  Te digo que comprenderás más si comienzas a participar porque en el instante en el que te mueves con el sentir, tu mente está abierta.  Más abierta que cuando estás en constante disputa.  Está abierta, receptiva, invitando.

Así es cómo uno puede escuchar a través del sentimiento.  Pero hay todavía algo más profundo que el sentimiento y a esa profundidad yo la llamo escucha total.  Con todo tu ser, porque el sentimiento es, de nuevo, una parte.  El intelecto es una parte, el sentimiento es otra parte, la fuente de acción es otra.  Hay muchos componentes en tu existencia, en tu ser.  Puedes escuchar con el sentimiento mejor que con el intelecto, pero aún sigue siendo sólo con una parte.  Y cuando escuchas con tu sentimiento, el intelecto se va a dormir, pues en caso contrario molestará.  ¡Se va a dormir!

El tercero es la escucha total, sin apenas participar en ello, sino siendo uno con ello.  Un modo es contemplar la danza con el intelecto; otro es sentir la danza y empezar a participar en ella.  Sentado en tu asiento, el danzador danza.  Comienzas a participar, empiezas a llevar el ritmo.  Y el tercero es volverse la danza misma.  No el danzador, sino la danza.  La totalidad del ser está implicada.  No estás afuera siquiera para percibirlo: ¡Tú eres ello! Así que recuerda que el conocimiento más profundo es posible sólo cuando te vuelves uno con algo.  Mediante la fe.

¿Cómo llegar a ello?  Sé consciente de tu intelecto, desidentifícate de la mente.  Luego viene el segundo: el sentir.  Sé consciente de que el sentimiento es sólo una parte y todo tu ser yace muerto.  La totalidad no está ahí, así que trae la totalidad a ello.  Cuando la totalidad se hace presente no es que se reniegue del intelecto o que se reniegue del sentimiento.  Ellos están ahí, pero ahora están sumidos en una diferente armonía.  No se niega nada.  Todo está ahí, pero ahora según un esquema distinto.  Todo el ser participa, está en ello, se ha vuelto ello.

Por eso, cuando escuchas, hazlo como si te hubieras convertido en el escuchar en sí.  Cuando digo algo, déjalo que penetre en ti sin lucha, sin emotividad, sino de un modo total.  ¡Sé ello!  Déjalo que entre.  ¡Qué vibre, sin resistencia, sin sentimiento, pero con plenitud!  Experiméntalo y comenzarás a vivir una dimensión de la escucha. Y esto no sólo es válido para el acto de escuchar: lo es para todo.  Puedes comer así, puedes caminar así, puedes dormir así, puedes vivir así.

Kabir envió a su hijo Kamal cierto día.  Las vacas de Kabir no tenían qué comer, así que envía a su hijo al campo a cortar un poco de hierba.  Kamal se va y no vuelve.  Llega la tarde y llega la noche y Kabir y las vacas están hambrientas.  ¿Dónde se ha ido Kamal?  Entonces Kabir decide ir a buscarle.
Kamal está en un campo de hierba.  El sol se está poniendo, el viento sopla, la hierba ondula como las olas, y Kamal está ahí cimbreándose con la hierba.  Todo el día se lo ha pasado así, y Kabir llega y le dice: “¿Te has vuelto loco Kamal?  ¿Qué es lo que haces?”.

De repente Kamal es traído de vuelta a un mundo diferente y dice: “¡Oh!  ¡Olvidé que soy Kamal.  Me volví como la hierba.  ¡Dejé de ser!  ¡Me volví hierba!  Me moví con ella, bailé con ella y olvidé por qué había venido aquí.  Dímelo ahora, ¿a qué vine?”.

Kabir le dice, “¡A cortar hierba!”.

Entonces Kamal se ríe y le contesta, “¿cómo puede uno cortarse a sí mismo?  Hoy no es posible.  Volveré otra vez y lo probaré, pero no puedo prometerte nada porque he conocido una dimensión distinta.  Un mundo diferente se ha abierto ante mí”.

Kabir, desde este día, llamó a su hijo, Kamal, Kamal significa “un milagro”.

¡Este es el milagro!  Si puedes absorberte totalmente en algo, el milagro sucede.  Y esto no sólo es aplicable al acto de escuchar, es aplicable a todo.  ¡Sé total!  ¡Muévete totalmente!  No te dividas.  Nunca te dividas.  Cualquier división es un desperdicio de energía, cualquier división es suicida.  ¡No olvidas!  Si amas, ama totalmente, no te contengas.  Si escuchas, escucha totalmente, no retengas nada.  Tan sólo muévete íntegramente.

Sólo este movimiento total puede llevarte a una vivencia en dónde no se puede encontrar al ego.  Puede ser hallado con el intelecto, puede ser hallado con el sentimiento, pero nunca con todo tu ser.  Puede encontrarse con el intelecto porque el intelecto no tiene un centro propio.  No permitirá al centro de la totalidad que entre en escena, por eso el intelecto ha de crear su propio centro.  Se convierte en el ego.  El sentimiento no permitirá lo total; de este modo el sentimiento tiene su propio centro: se convierte en el ego.

Por eso es que los hombres y las mujeres tienen distintos tipos de egos, porque el ego del hombre está centrado en el intelecto y el ego de la mujer está centrado en el sentimiento.  Tienen distintas calidades de ego.  Por eso un hombre no puede entender nunca a una mujer y una mujer nunca puede entender a un hombre.  Tienen distintas clases de centro y diferentes lenguajes.

Cuando el intelecto dice sí, quiere decir sí.  Cuando lo emocional dice sí, no implica necesariamente que quiera decir sí.  Cuando lo emocional dice no, puede significar que sí, puede que sea tan sólo una invitación para que sea persuadida un poco más.  Si tomas lo que dice una mujer literalmente, estarás en dificultades, porque su palabra no es una aseveración de tipo intelectual.  Tiene un modo distinto de actuar, una cualidad distinta.  El intelecto posee un ego directo, matemático.  Puedes comprenderlo fácilmente.  Por eso el entender a un hombre no es algo difícil porque su lógica es directa: dos y dos son cuatro.  Comprender a una mujer es diferente porque su lógica no va en línea recta.  Se mueve en círculos de modo que dos y dos nunca hacen cuatro.  Pueden ser igual a cualquier cosa, pero nunca cuatro.  Su lógica se mueve circularmente.  Lo emocional se mueve en círculo.  La lógica y el intelecto se mueven en línea recta.

Cuando algo se mueve en círculo nunca puedes tener certeza sobre lo que significa porque puede significar lo contrario.  En poco tiempo se habrá desplazado sobre el círculo y será lo opuesto de su propia aseveración.  Así que con una mujer uno tiene que ser consciente no de lo que ella dice, sino de lo que quiere decir.  Lo que diga no tiene mucha importancia.  Lo que quiere decir sí la tiene.  Y su significado es a veces muy diferente, quiere decir sí la tiene.  Y su significado es a veces muy diferente.

Por eso siempre ha ocurrido que las personas muy intelectuales nunca han estado muy a gusto con sus esposas.  ¡Nunca!  Sócrates, un hombre muy inteligente, un genio intelectual, conocía todos los rincones de la lógica, pero nunca se encontró a gusto con su mujer, Xantipe.  ¡Nunca!  No era capaz de comprender lo que ella le decía.  O sea, entendía lo que le decía, pero no comprendía nunca lo que quería decir con ello.  El era tan lógico que siempre la malinterpretaba.  El era directo, seguía una línea y ella se movía en círculos.

El intelecto tiene su propio ego: directo, en línea.  Lo emocional tiene su propio ego: circular.  Ambos poseen egos.  Pero lo total no tiene ego.  Lo total posee individualidad.  Por eso cuando alcanzas la totalidad, no eres ni hombre ni mujer.  Eres ambos y no eres ninguno.  Trasciendes y abarcas ambos.  Esto es lo que quiere decir: Ardhanarishvar: medio hombre y medio mujer.  En el interior sucede una profunda comunión.  Te vuelves total, uno, sin división.

Una cosa debes saber: esto no es algo fijo.  Cuando digo que el hombre posee un ego intelectual, no es una afirmación absoluta.  En algunos momentos puede volver al ego emocional.  En algunos momentos una mujer puede tener un ego intelectual.  Y entonces las cosas se complican.  Cuando un hombre se halla en dificultades, regresa al ego emocional.  Empezará a llorar y hablará en un modo que le es incomprensible.  Y más tarde dirá: “¡No puedo explicar lo que me pasó!  A pesar de mí mismo, comencé a llorar, comencé a actuar de una forma en la que no debería haber actuado”.  Un hombre muy fuerte, en una situación especial, puede empezar a comportarse de un modo muy emocional.  Y una mujer muy emocional puede, en una situación particular, comportarse de una forma masculina.  En un contexto distinto el ego puede cambiar desde un centro a otro.  Esto crea más complicaciones, pero uno ha de ser consciente.

Tanto con el sentimiento como con el intelecto, el ego está presente.  Sólo con la totalidad el ego está ausente.  Por eso te doy un criterio: Si tú estás presente y no sientes “yo” alguno, eres total.  Estás sentado aquí; escuchando como si no tuvieras “yo”.  Los oídos están ahí, el escuchar está ahí, tu consciencia está ahí, pero sin “yo”.  Entonces eres total.  ¡Cómo puedes estar dividido sin “yo”?  Sin ego, ¿cómo puedes estar dividido?  El ego es la división.

Y así como te dije que hay muchas personalidades, hay muchos egos.  Cada centro tiene su propio ego.  El intelecto tiene el suyo propio.  La emoción tiene el suyo propio.  En centro sexual tiene su propio ego, su propio “yo”.  Si profundizas en la bioestructura del cuerpo, cada célula tiene su propio ego.  Esa es la división.  Si careces de ego, si tan sólo estás, sin sentimiento de “yo”, entonces eres total.  Y en ese ser total, incluso si por un solo instante eres total, serás Despertado súbitamente.  ¡Y en este estado cualquier cosa puede Despertarte, cualquier cosa!

Una monja zen estaba transportando una vasija con agua.  Durante treinta años vivió en el monasterio, trabajando sin descanso, meditando, esforzándose en alcanzar la serenidad, en alcanzar un estado dónde la Verdad pudiera reflejarse.  Pero ésta no había venido.

De repente, la vasija cae al suelo y se rompe hecha añicos.  Ella permanece inmóvil, como aniquilada, y el agua se desparrama, y ella Ha Despertado.  De repente alcanza la Iluminación.  Corre, baila, va al templo.  Su Maestro acude, toca sus pies le dice, “Ahora eres un Buda: has llegado”.

Pero la monja pregunta.  “Dime, ¿cómo ocurrió?  Lo intenté de todas las formas, continuamente durante treinta años y no sucedió.  Y esta mañana decidí que era totalmente un absurdo y que no sucedería, así que abandoné todo esfuerzo.  Así qué ¡ por qué, en este día, ha sucedido?”.

El Maestro le contesta: “Porque por primera vez fuiste total y sin ego.  El esfuerzo crea ego.  El mismo esforzarse era la barrera.  Ahora, sin ningún esfuerzo, sin motivo, sin ambición alguna, estabas llevando esta vasija con agua y… de repente la vasija cae -¡bang!- la vasija ha caído y se ha roto, y en un instante te vuelves consciente, sin ego.  Y el mismo escuchar cómo la vasija se rompe, la rotura, el ruido, el fluir del agua, y tú sin ego, escuchando totalmente: la cosa ha cedido”.

Así que cuando digo algo escucha totalmente, quiero decir esto.

Cuarta Pregunta

Osho, ¿cuáles son las características y las indicaciones que revelan que uno ha alcanzado el auténtico y real sonido cósmico AUM?

Es una pregunta difícil.  Difícil porque lo que sucede es siempre interno, en cierta forma privado.  Y no puedes conocerlo o saber sobre él desde afuera.  Nunca puedes decidir desde el exterior si alguien ha alcanzado o no el sonido cósmico AUM.  Cuanto más lo ahondas, más privado es lo que sucede.  El mundo público desde dónde puedes decidir es sólo exterior.   Así que, ¿cómo decidir si uno ha alcanzado el sonido cósmico, uno ha alcanzado el substrato más profundo, si uno ha conocido?

No puedes decidirlo desde el exterior.  Esto es lo primero.

Desde luego, muchas cosas que sí pueden conocerse desde el exterior comenzarán a suceder a través del que ha llegado.  Pero aún así, el sentimiento de que él ha alcanzado el sonido cósmico será solo una inferencia.  Una deducción de su comportamiento.  Y un comportamiento puede ser falso, un comportamiento puede ser imitado.  Buda camina de cierta forma; Buda duerme de cierta forma; Buda habla de cierta forma.  Puedes imitarlo sin que seas un Buda.  Y a veces ocurre que puedes imitarlo mejor que Buda mismo, ¿Mmm?, porque Buda no le presta atención.  Suceda lo que suceda, es sólo un suceder.  Por eso puedes imitarlo mejor incluso, puedes practicar, puedes volverte un experto.  Y puede que Buda sea incapaz de competir contigo porque puede que no haya repetido nada nunca.

Así que desde el exterior, la imitación es posible.  Muy posible.  Alcanzar lo auténtico es arduo; imitar es muy fácil, muy fácil, porque por dentro permanece el mismo; desde afuera puedes recrearlo.  Por eso es difícil.  Es difícil decir desde afuera que es lo que ha sucedido dentro.  Una cosa es clara: no puedes decidir desde afuera.  Pero desde dentro, si preguntas, “¿Cómo puedo saber si yo he alcanzado o no he alcanzado el sonido cósmico AUM?  Si preguntas eso, puedo contestarte que, cuando lo alcances lo sabrás.  Si alguien pregunta, “¿Cómo puedo saber si estoy vivo o muerto?  ¿Cómo puedo saberlo?”  ¿Qué le contestaremos?  Le contestaremos que, aunque lo dudes, aunque dudes si estás vivo o muerto, estás vivo.

Cuando alcanzas el sonido cósmico, la base misma del ser, cuando oyes el AUM, sin ser pronunciado por ti, sin ser pronunciado por nadie, sino sintiéndolo sólo como un sonido cósmico que te envuelve, lo sabes.  El fenómeno es tan real que, en realidad, la pregunta nunca surge; nunca te preguntas si el AUM, este sonido, es real o no.  La pregunta que surge es si yo soy o no soy real.  Te evaporas, te vuelves irreal.  Te vuelves un fantasma, un espectro.  Ahora tu realidad no es como siempre ha sido.  A tu alrededor, lo real es.

Pero puede que incluso sea un sueño.  También en un sueño sientes que todo es real, por eso ¿cómo decidir si este sonido que oyes es un sueño o una realidad?  La decisión proviene de cierta fuente.  Nunca serás el mismo otra vez.  El antes y el después.  El acto de oír este AUM marcará una discontinuidad en tu existencia.  De ahora en adelante, nunca serás el mismo.  No serás capaz de conectar con tu propio pasado; te abandonará.  Lo recordarás como si hubiese pertenecido a algún otro.  Tu memoria ya no será más la tuya.  Después de esta experiencia renacerás, y tu renacimiento será la evidencia.  Nunca serás el mismo de nuevo.  Lo viejo se ha ido, no puedes ya encontrar al viejo hombre.  No está en ninguna parte.  Estaba ahí y ahora ya no está. Para ti esto será la evidencia de que has oído.

Pero creo que esto también tiene un tercer aspecto.  Uno puede que continúe repitiendo el AUM, así que, ¿cómo saber si el AUM que uno está repitiendo y el AUM que uno se ha encontrado son distintos o son lo mismo?  Lo percibirás, porque tú eres el centro del AUM que pronuncias, y luego él vibra en el exterior.  ¿Mmm?  Esta es la dimensión.  Lo creas tal y como arrojas una piedra en un lago en calma.  La piedra se vuelve el centro, y de allí surgen ondas que, al moverse, alcanzan la orilla.  Cuando pronuncias AUM, creas un centro en ti mismo: arrojas una piedra y luego el sonido se aleja, se aleja, se aleja lejos de ti.  Esta es la dimensión, la dirección.

Cuando oyes el sonido AUM, el sonido cósmico, es diferente.  Llega, nunca se aleja.  No se aleja de ti: viene a ti.  Y no puedes encontrar al centro en ninguna parte.  Sólo se acerca, se acerca y sigue acercándose.  Te inunda.  ¿Ves la diferencia?  Tú no eres el centro.  Más bien, eres la orilla, y desde algún centro desconocido las ondas sonoras te alcanzan.  Siguen llegando y nunca se paran.  Esa es la regla: si el sonido te tiene como centro y las ondas se alejan, es el AUM que tú pronuncias.  Si tú no actúas como centro y las ondas sonoras se acercan, se acercan y se siguen y se siguen acercando, desde alguna parte: el centro se desconoce y no será conocido nunca…

Alguien le pidió a Jacobo Óveme, “¿Dónde está el centro de Dios?  ¿Dónde se halla el centro del universo?”.  El contestó,  “En cualquier sitio o en ninguna parte”.  Ambas cosas significan lo mismo. Por eso cuando sientes que el AUM se te acerca… déjame expresarlo de forma distinta.  Generalmente, los buscadores van hacia lo Divino, pero hasta que lo Divino venga hacia ti, recuerda, puede que estés sólo en una fantasía, sólo en un sueño.  Si vas hacia Dios, hacia lo Divino, para encontrar al centro, seguirás buscando, pero nunca lo encontrarás.  ¿Cómo puedes encontrar el centro?  Únicamente el centro puede venir a ti.  Por eso es una falsa relación la del buscador que va hacia Dios.  La verdadera relación es totalmente distinta: Dios yendo hacia el buscador.  Cuando estás preparado, El llega.  Cuando estás abierto, El se convierte en el Invitado.  Cuando tu invitación es válida, total, El está ahí.  Siempre se acerca, nunca se aleja.  Así que, en realidad, no es el caso de un hombre en busca de Dios, sino, más bien, de Dios en busca del hombre.

Pero tú te estás escondiendo, escapando, de modo que El no puede encontrarte.  Siempre que llega, te escapas.  Siempre te estás cerrando. Por eso cuando este AUM comienza a llegar, cuando viene a ti, te sientes lleno, bañado en él y sigues sin hallar el origen.  Si eres capaz de encontrar el origen, -puede ser que de nuevo alguien esté creando el sonido desde el exterior- ¡y el AUM llega!  Puede que alguien esté entonando el AUM en algún instrumento, y el AUM aparece.

No existe origen para él.  Por eso es que los místicos siempre han dicho que Dios es Aquel que no tiene origen.  No existe el origen.  Viene de ninguna parte, de la nada, y está ahí.  Cuando percibes esto, sabes que ahora el AUM es cósmico.  Que no te pertenece.

En el zen se utilizan koans, rompecabezas, rompecabezas absurdos como objetos de meditación.  Rinzai siempre dio a sus discípulos el koan de oír el sonido de una mano al aplaudir.  ¡Es imposible!  ¿Cómo se puede oír el sonido producido por una mano?  Siempre que algún buscador se hallaba presente, le decía, “Primero ve y descubre cuál es el sonido que produce una sola mano al aplaudir.  ¡Escúchalo!  Y luego ven a mí y cuéntamelo”.

Parece absurdo, pero cuando un hombre como Rinzai decía esto a alguien, la persona se iba, cerraba la puerta, se sentaba en meditación y se ponía a pensar.  Al cabo de unas horas regresaba y decía, “¿Qué clase de absurdo me has preguntado?  ¿Cómo puede ser?”.

Rinzai le decía, “Yo lo he oído, así que ve e inténtalo de nuevo.  También yo le dije a mi Maestro, “¿Cómo es posible?”  Pero él me contestó, “Yo lo he escuchado, así que inténtalo.  Yo lo intenté y lo oí.  Por eso inténtalo.  Y vendrá”.

La persona en cuestión volvía otra vez.  Cada mañana el tenía su darshan, su encuentro con su Maestro, y el Maestro le preguntaba, “¿Lo has oído?”.

El contestaba, “No.  Aún no lo he oído”.  El Maestro le decía que lo probara con más empeño.  Así que él empezaba a imaginarse el sonido, porque es muy frustrante el tener que acudir cada día sin nada que mostrar al Maestro.  Por eso le decía, “¡Oh sí!  Lo he oído.  Es como el viento pasando entre las hojas”.

Pero el Maestro le contestaba, “No, no lo es, porque el viento y las hojas son dos cosas distintas.  Debe de ser sólo una.  El viento pasando entre las hojas es un sonido muy común.  Dos cosas pueden crear fricción, son todavía dos manos.  ¡No me puedes engañar!  El viento entre los árboles son dos manos.  ¡No regreses a menos que hayas oído el sonido de una sola mano!

Y él regresaba, una y otra vez y le decía, “He oído esto y esto otro, o he escuchado el sonido del agua cayendo sobre el tejado”.  Volvía con muchísimas soluciones, y le eran negadas.  Y así seguía meses y meses.

Y de repente un día, Rinzai preguntó, “¿Dónde está ese hombre?  No ha venido desde hace mucho. Buscadlo y ved lo que está haciendo”.

Se le halló en su celda o bajo algún árbol, perdido, y fue llevado en presencia del Maestro.  Y el Maestro le dijo, “Ahora has oído.  ¿O no lo has oído?”.

Y le contestó, “¡Lo he oído, lo he oído!”.

¿Qué sonido es el que oyó?  Sólo hay un sonido: ese es el sonido del AUM cósmico que no se produce por fricción, no se produce entre dos cosas, sino simplemente es el sonido.  No es creado por ningún palmear.

En el momento en que alguien dice, “¡Lo he oído!”, se transforma en otra persona.  No puedes ser ya el mismo de nuevo.  ¿Mmm?  Y la diferencia será siempre ésta: el sonido viniendo a ti desde la nada.  El sonido sin fuente, no creado.  Este es el sonido cósmico AUM.

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Acerca de Elmer Escobedo

Sólo un ciego puede definir fácilmente qué es la luz. Cuando no sabes, eres atrevido. La ignorancia siempre es atrevida; el conocimiento duda. Y cuanto más sabes, más sientes que se disuelve el suelo bajo tus pies.

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